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- Uso terapéutico de marihuana para el tratamiento de abuso sexual en adultos

Por: Daniela Valdivieso

 

Noviembre, 2013 

 

Resumen

            El presente trabajo tiene como objetivo proponer el uso terapéutico de la marihuana para el tratamiento de abuso sexual en adultos. Este tratamiento tiene una duración de 14 semanas, y se administra en terapia de grupos. Como consideración ética esta terapia solo se administra a mayores de 18 años y con un consentimiento informado. A continuación se exponen los conceptos fundamentales del abuso sexual, en el segundo capitulo se investiga la marihuana a profundidad y en el tercer capitulo se detalla la terapia propuesta. También se considera la importancia de ésta en el Ecuador ya que el abuso sexual es un problema muy arraigado a nuestra sociedad, que incluso debe ser tomado con más seriedad.

 

I

Abuso Sexual

El abuso sexual: Definición

            Al momento de definir el abuso sexual, sea para términos educativos o prácticos, existen dos enfoques para hacerlo. El primero toma en cuenta las definiciones que utilizan los investigadores en el tema de abuso sexual, y el segundo enfoque es el que utilizan las fundaciones u organizaciones que trabajan con niños (Merlyn Sacoto, 2005). Sin embargo siempre se debe tomar en cuenta el contexto cultural para poder definir si existe una situación de abuso.

La definición que es utilizada por la mayor parte de los investigadores, es descrita por Rowan y Foy (1993) como “todo tipo de caricia, contacto o experiencia sexual que se da entre una persona (perpetrador) que tiene 5 años más que el niño- siendo el niño [la víctima] un menor de edad” (En Merlyn Sacoto, 2005, p. 1). En estos casos también se debe tomar en cuenta que no existe un consentimiento informado por parte de la víctima, y el perpetrador manipula o utiliza coerción en contra del niño para su propio placer (Merlyn Sacoto, 2005). También se considera abuso sexual a los casos en los que la diferencia de edad es menor, pero de igual manera la víctima no da un consentimiento informado y existe manipulación por parte del perpetrador. 

Por otro lado, las organizaciones que trabajan con abuso sexual infantil han proporcionado varias definiciones, pero para este trabajo se utilizará la que es considerada más completa. Según Merlyn Sacoto (2005) la Universidad Católica de Lovania en Bélgica (n.d), define al abuso sexual en tres partes importantes:

·         Todo contacto sexual entre un adulto y un niño sexualmente inmaduro (desde el punto de vista físico o psíquico), con el objetivo de obtener una satisfacción sexual para el adulto

·         Todo contacto sexual hacia un niño realizado con la utilización de fuerza, amenazas o de promesas, para obtener la participación del niño

·         Todo contacto sexual hacia un niño incapaz de dar su consentimiento libre y completo en virtud de su edad o de una relación de poder entre el niño y el adulto

Tipos de Abuso Sexual.

            El abuso sexual toma varias formas que pueden variar desde un comentario hasta incesto y penetración. Es importante tomar en cuenta que cualquier comportamiento que tenga como objetivo el placer sexual del adulto va a entrar dentro de estas categorías. Wolfe y cols (1991) describe cinco niveles para clasificar a los tipos de abuso sexual (En Merlyn Sacoto, 2005, p. 26):

1.      Comportamientos sexuales verbales, el exhibicionismo y la exposición del niño a material pornográfico.

2.      El desvestir al niño, o besarle y acariciarle mientras esta vestido con un objetivo sexual.

3.      Caricias de los genitales, el hacerse acariciar por el niño, las simulaciones de relaciones y la penetración digital.

4.      Contacto oral-genital

5.      Relaciones sexuales (vaginales o anales)

Etiología

            Muchas personas se preguntan el por qué del abuso sexual, culpa de quién es y por qué sucedería tal atrocidad. Por lo tanto en esta sección se trata de definir en parámetros concretos las causas del abuso sexual. La importancia de la etiología del abuso se da porque al entender las causas, se puede tratar de dar programas de prevención e incluso detectar posibles situaciones de riesgo. Según Merlyn Sacoto (2005), las causas se pueden dividir en dos categorías: a)los factores ambientales y b) la estructura familiar.

Los Factores Ambientales.

Dentro de esta categoría existen tres teorías que explican las causas del abuso sexual. La primera de éstas describe como una causa al aislamiento geográfico y social. A partir  del aislamiento de la familia de una sociedad en la que se considera al incesto y al abuso sexual como tabú, la familia va a tener mayor probabilidad de actos sexuales dentro de ésta (Merlyn Sacoto, 2005). También la familia no va a tener contactos externos fuera del núcleo familiar, por lo tanto los aspectos sexuales se van a dar en la misma (Merlyn Sacoto, 2005). Esta teoría se puede relacionar al Ecuador ya que como un país subdesarrollado, todavía existen familias en la amazonia, sierra o costa, que viven aislados de la sociedad. Sin embargo, no siempre es así el caso, por lo tanto esta teoría también abarca un aislamiento social mas no geográfico. Perrone y Nannini (1995) describen este problema como cuando “la familia está bajo el yugo de un padre-tirano que prohíbe la comunicación tanto hacia el exterior como la comunicación interna, [por lo tanto] la víctima se encuentra aislada del resto de la familia y del resto de la sociedad” (En Merlyn Sacoto, 2005, p. 6).

            Por otro lado, también se habla del aislamiento cultural como una causa del abuso sexual. Dentro de esta teoría se trata de tomar en cuenta las diferencias de culturas diferentes o sub-culturas dentro de una misma región, en las cuales sus definiciones y prácticas del abuso varían (Merlyn Sacoto, 2005). Por ejemplo, en la isla de Samoa se considera que los juegos sexuales, las relaciones sexuales entre niños y adolescentes, así como la estimulación sexual precoz son permitidos, aceptados y justificados por sus creencias (Merlyn Sacoto, 2005). Sin embargo, aún existe un debate al momento de tratar de definir si estas prácticas aceptadas por la cultura deben ser una justificación de un abuso sexual.

            Finalmente se debe tomar en cuenta la teoría del medio socio-económico. Esta teoría ha perdido validación en los últimos años ya que se ha considerado que el abuso sexual se da por igual en todas las clases sociales, pero los casos de la clase baja y media baja son más conocidos que los de la clase alta. Esto según Merlyn Sacoto (2005) se da porque “las familias de medios favorecidos poseen los recursos sociales necesarios para mantenerlo en secreto” (p. 9). Sin embargo, es verdad que la clase social baja puede tener mayores factores de riesgo desde un punto de vista ambiental, como el vivir en un barrio peligroso, vivir con un solo padre, o situaciones de hacinamiento.

 

La Estructura Familiar.

            Las personas comúnmente atribuyen al abuso sexual como algo externo a la familia o un evento aislado de una sola ocasión por parte de un extraño. Al contrario, se ha demostrado que el abuso sexual va de la mano de la familia ya que “en la mayoría de casos- 50 a 75%, según los autores, el abusador no es una persona desconocida para la célula familiar” (Merlyn Sacoto, 2005, p. 9). También se han identificado algunas situaciones de riesgo en la estructura familiar que pueden aumentar la probabilidad del abuso, y éstas serán tratadas en este inciso. En términos más generales, Merlyn Sacoto (2005) identifica a estas familias en las que “la estructura de base- la relación de pareja- se encuentra debilitada o deteriorada, o de familias en donde la relación padres/hijos está mal estructurada” (p. 10).

            Primero se debe analizar la relación de pareja, es decir de los padres o cuidadores de la casa. Un factor de riesgo según Gauthier (1994) es “cuando la pareja tiene problemas relacionales, cuando se están separando o también cuando la madre vive aparte” (En Merlyn Sacoto, 2005, p.10). Con estas situaciones se ha visto que el abuso se vuelve más frecuente por perpetradores dentro o fuera de la familia. Por ejemplo, se puede considerar el abuso padre-hija que se puede dar cuando el matrimonio de pareja no funciona adecuada y sanamente, por lo que el padre recurre a la hija para un rol de pareja sexual y emocional que la esposa no puede cumplir (Merlyn Sacoto, 2005). En otro caso se puede considerar una pareja que tiene muchos problemas y la hija/o no sabe a quien acudir. En este caso la niña tiene una posición de vulnerabilidad para ser abusada por alguien fuera de la familia que le provea con compañía y confort.

            Por otro lado, también se debe tomar en cuenta el funcionamiento familiar, ya que las interacciones en la familia y cierto tipo de roles pueden ser un factor de riesgo para el abuso de menores. Según Perrone y Nannini (1995) existen tres tipos de familia por sus estructuras: la multiparental, monoparental y la ‘normal’ (En Merlyn Sacoto, 2005). Las familias multiparentales, o también llamadas reconstruidas, son esas en las cuales hubieron divorcios y matrimonios de nuevo. El problema con este tipo de familias es que presentan un alto riesgo de abuso, ya que los limites entre ‘familiares’ no son muy bien definidos, y parecen ser familias menos prohibitivas. En este caso el mayor factor de riesgo es el padrastro. Las familias monoparentales son en las cuales un solo padre esta presente y en éstas el riesgo está en que el padre o madre no tienen completo cuidado de sus hijos y son una figura débil. Finalmente existen las familias ‘normales’, que se muestran con  una imagen de bienestar para la sociedad, pero dentro de la familia existen severos conflictos (Merlyn Sacoto, 2005). Este tipo de familias son muy comunes en Ecuador, y un ejemplo se ve en la familia del tipo patriarcal, en la cual el padre ejerce severo control, pero la madre es una figura débil. Por tanto es probable que el abuso se de dentro de la familia y se trate de negar el tema.

            Finalmente se habla del componente transgeneracional. Merlyn Sacoto (2005) lo define como la “repetición de los episodios de abuso de generación en generación dentro de una misma familia” (p. 13). Aproximadamente “20 a 50% de los abusadores fueron víctima también de un abuso o testigo de incesto en la familia” (Merlyn Sacoto, 2005, p. 36) Esto se puede explicar ya que el trauma no superado puede tener como secuela su repetición (Merlyn Sacoto, 2005). Otra explicación se da con relación a la teoría del apego, por Alexander (1992) dice que “el vínculo caracterizado por una relación insegura en el padre precede el mismo tipo de vínculo con el hijo, y este sería un factor primordial de riesgo de abuso” (En Merlyn Sacoto, 2005, p. 13).

            Adicionalmente se debe tomar en cuenta que también existen otros factores de riesgo dentro de la familia como son: “la psicopatología de uno de los padres, el abuso de drogas o de alcohol, la falta de vigilancia, el desempleo reciente (…) las familias sobre sexualizadas o la insuficiencia de educación sexual” (Merlyn Sacoto, 2005, p. 16). Éstos y la combinación de otros factores de riesgo pueden llevar a mayores probabilidades de que se instale un abuso sexual en la vida del niño, por tanto debemos estar alertas a estas situaciones para una prevención temprana y adecuada.

 

La Víctima y el Abusador

La víctima.

            Las víctimas del abuso sexual son comúnmente niños en edades muy tempranas desde los 4 años. Según Merlyn Sacoto (2005) el “49% de los niños abusados tienen entre 6 y 13 años” (p.29). Por tanto, estas son las edades de mayor riesgo para el abuso sexual. También se ha encontrado que “el abuso sexual en mujeres es más común que en varones: la proporción es de 2.5 a 3 niñas por cada niño abusado en su infancia” (p. 28).  

            Por otro lado, Finkelhor (1979) ha descrito dos tipos de víctimas del abuso: los niños que actúan sexualmente y los niños que son sexualmente indefensos (Merlyn Sacoto, 2005). Los niños que actúan sexualmente son aquellos que necesitan una relación afectiva con alguien y tienen conductas ‘provocadoras’ hacia un adulto. El adulto entonces interpreta esta necesidad como una sexual. En estos casos el niño se siente gratificado o importante al tener la atención de un adulto y puede buscar repetidamente el contacto del abusador (Merlyn Sacoto, 2005). “Para el niño, hacer algo especial, nuevo, con un adulto, representa un estímulo afectivo que le impide tomar distancia. Está capturado en un movimiento de excitación-incitación, que sobrepasa su entendimiento emocional, cognitivo y moral” (Merlyn Sacoto, 2005, p. 31).

            Los niños sexualmente indefensos son aquellos que “permiten pasivamente que la situación se dé, y que se mantenga, y no hacen nada para que se termine” (Merlyn Sacoto, 2005, p. 31). Estos niños suelen tener sentimientos ambivalentes sobre la situación, sin comprender lo que sucede. También es común que mantengan el secreto, siendo o no amenazados, por miedo a contar. Se cree que estos niños solo se adaptan a la situación de victimización en la que viven.

 

El abusador.

            El perpetrador en el abuso sexual suele ser un familiar o una persona cercana a la familia. La mayoría de las veces suele ser el padre, o padrastro, el tío, hermanastro, hermano o más (Merlyn Sacoto, 2005). En una investigación realizada por Deblinger, McLeer y Henry (1990) se encontró que el “52.6% eran padres y/o padrastros, 21.1% eran otros parientes hombres, 21.1% eran hombres conocidos, pero sin parentesco y solamente el 5.3% un hombre extraño” (En Merlyn Sacoto, 2005, p.33).

            La mayoría de las veces el abusador es un hombre siendo la víctima niño o niña. Aproximadamente solo el 1% de los casos reportados de abuso sexual son por abusadoras mujeres (Merlyn Sacoto, 2005, p. 35). También se ha visto que los abusadores provienen de todas los niveles o clases sociales.

            Es importante mencionar que los perpetradores son hombres que tienen un desarrollo de capacidades sociales al igual que otros individuos. Tienen capacidades para juzgar entre el bien y el mal, responsabilidades, etc (Merlyn Sacoto, 2005).

 

Consecuencias o Secuelas del Abuso Sexual

            Como fue mencionado anteriormente el abuso sexual es común en víctimas entre las edades de 6 a 13 años. Estas edades son la cúspide para el desarrollo del niño, por tanto el abuso sexual puede tener secuelas graves en la persona sean a corto plazo o a largo plazo. Es importante mencionar que existe una variedad de consecuencias a raíz del abuso sexual que dependen de varios factores y del tiempo de exposición. Hay dos tipos de exposición que son descritos por Terr (1991) y estos tienen un efecto sobre el tipo de consecuencias que se presentan:

Los problemas del Tipo I son aquellos consecutivos a la exposición a un solo incidente traumático.

Los problemas del Tipo II surgen como consecuencia de exposiciones largas o repetitivas a incidentes externos. Al principio hay sorpresa, después anticipación, y por ende comienzan los intentos de protegerse a sí mismo y a su psique.

 

            Consecuencias a corto plazo.

            Se suelen describir a las consecuencias de corto plazo dentro de cinco ámbitos: sociales, cognitivas, conductuales, emocionales, psíquicas, y sexuales (Marylyn Sacoto, 2005). Dentro del ámbito social se ha visto que los niños principalmente se aíslan de su familia, pares y el resto de la sociedad (Marylyn Sacoto, 2005, p.79). También se ha visto que dentro de este aislamiento social la víctima no confía en los demás, pero adicionalmente puede ser rechazada por otros ya que demuestra cambios comportamentales a partir del abuso: el retraerse socialmente, los comportamientos sexualizados o conductas agresivas (Marylyn Sacoto, 2005, p. 79). El mayor problema que se presenta el aislamiento social es que el niño tiende a mantener “el secreto” del abuso ya que no confía en nadie.

            En cuanto a las cogniciones se ha visto que los niños abusados sexualmente ponderan un “auto-reproche y culpabilidad, la creencia de que el mundo es peligroso y la vulnerabilidad personal” (Merlyn Sacoto, 2005, p. 81). Adicionalmente en lo conductual estos niños demuestran la mayor parte del tiempo un estado alterado de consciencia, como estar soñando de día en clase, conductas agresivas, sexuales y la autodestrucción (Merlyn Sacoto, 2005, p. 81).

            En las consecuencias emocionales se han identificado varias emociones que se presentan comúnmente en niños que han sido abusados y que les afectan profundamente, éstas son: culpabilidad, angustia, desprecio a si mismo, vergüenza, miedo, rabia y depresión (Merlyn Sacoto, 2005). Todas estas emociones se relacionan con el abuso ya que el niño siente que lo que pasó es culpa de él y que si cuenta va a ser responsable por el rompimiento de su familia. Se ve que los niños llegan a sentir asco, angustia y desprecio por si mismos, por el hecho de que dejaron que el abuso suceda y que algunas veces sintieron placer en los actos sexuales. Por esta misma razón los niños sienten vergüenza de lo sucedido y evitan revelar el secreto. Los niños viven con miedos mundanos y relacionados al abuso, ya que sienten que son vulnerables hacia el mundo.

            Después de un trauma de abuso sexual los niños también demuestran conocimientos sexuales en sus juegos, dibujos, actuaciones o conversaciones. Estos niños también demuestran una ansiedad sexual, comportamientos seductores exagerados, erotización, masturbación compulsiva, conductas de exhibicionismo, o agresión sexual hacia otros niños (Merlyn Sacoto, 2005)

            Finalmente se debe considerar que la mayoría de los niños que han sido abusados sexualmente suelen tener estrés post-traumático.

            Consecuencias a largo plazo.

Las consecuencias a largo plazo del abuso sexual son varias y suelen afectar a la persona considerablemente a través de su vida. Se ha visto anteriormente que el abuso sexual se lleva a cabo durante las etapas del desarrollo, por lo que el niño se ve afectado y el abuso puede llevar a definir la vida futura, la identidad, las relaciones de la víctima en la edad adulta y más (Merlyn Sacoto, 2005, p. 15). Wolfe y Brit (1995) describen “que los ‘sobrevivientes’ de abuso tienen en la edad adulta más problemas de ajuste social, síntomas depresivos, ansiedad, una menor integración social, dificultades para criar a sus propios hijos, y también más ideas suicidas, más intentos de suicidio y episodios de revictimización (entendiéndose por revictimización el hecho de vivir nuevamente situaciones en las cuales serán víctimas)” (Merlyn Sacoto, 2005, p. 97).

Se puede ver que las consecuencias a largo plazo son extremadamente nocivas para la persona por lo que se las analizaran a continuación en torno al ámbito social, cognitivo, conductual, emocional, y sexual. Como se mencionó en las consecuencias a corto plazo el niño abusado tiende a aislarse de los demás socialmente, y a partir de este aislamiento se ha visto que las personas tienen dificultad en la readaptación con otros individuos (Merlyn Sacoto, 2005). Los autores hablan de ver en adultos conductas antisociales, la delincuencia,  conductas criminales, y pertenencia a grupos marginales. También se ve que estas personas sienten desconfianza en los demás y tienen un mal manejo emocional por lo que les cuesta mantener relaciones cercanas e íntimas (Merlyn Sacoto, 2005).

En el ámbito conductual se ha visto que estas personas tienen el riesgo de desarrollar problemas de drogodependencias, mayormente porque tratan de evitar o reducir la ansiedad que les causa el haber sido víctimas de abuso en su infancia (Merlyn Sacoto, 2005). Por esta misma búsqueda de reducir la ansiedad las personas también tienden a utilizar trastornos alimenticios o la automutilación como un mecanismo de supervivencia o enfrentamiento (Merlyn Sacoto, 2005).

Merlyn Sacoto (2005) menciona consecuencias a nivel cognitivo “los trastornos a nivel del “yo” (p. 100). Éstos se manifiestan con autoestima negativo, sentimientos de incapacidad, bajas expectativas y más (Merlyn Sacoto, 2005).

En las consecuencias emocionales y psíquicas es muy común encontrar depresión o desamparo emocional extremo e ideas de suicidio. También se ve que se presenta miedo, fobias, problemas de ira y ansiedad crónica severa (Merlyn Sacoto, 2005). Adicionalmente, según Terr (1991) a raíz del abuso sexual los traumas psicológicos pueden “llevar a un cierto número de cambios mentales que pueden ser reveladores de algunos problemas de carácter en el adulto, así como de algunas formas de pensamiento psicótico, de violencia, de ansiedad, en fin, toda una gama de desordenes serios de la personalidad” (En Merlyn Sacoto, 2005, p. 77). Entre estos se encuentra comúnmente el trastorno fronterizo (Borderline Personality Disroder). Se ha visto que “aproximadamente 70% de los pacientes que tienen trastorno fronterizo fueron víctimas de abuso sexual” (Merlyn Sacoto, 2005, p. 102).

En cuanto a las consecuencias sexuales se ha visto que como un mecanismo para reducir la angustia las personas utilizan el acting out violento sexual (Merlyn Sacoto, 2005). . También se han encontrado con problemas de identidad sexual, insatisfacción y bloqueo sexual, conductas perversas , promiscuidad, masturbación excesiva y revictimización sexual (Merlyn Sacoto, 2005). Finalmente es posible que la persona repita el abuso hacia otra persona (Merlyn Sacoto, 2005).

 

Situación en el Ecuador

            Actualmente no existe mucha investigación sobre el abuso sexual en el Ecuador, sin embargo se sabe que es un problema que afecta profundamente a nuestra población ya que existen varios factores de riesgo a nivel nacional que aumentan la probabilidad del abuso sexual, como son: una falta de educación, altos niveles de maltrato, estructuras familiares patriarcales y monoparentales, y más.

            También se debe tomar en cuenta otro problema que mantiene el abuso sexual en el país, que es la falta de un sistema eficiente de denuncia judicial hacia los perpetradores. Actualmente es muy difícil y se hace muy poco con las denuncias de abuso sexual, por lo que las víctimas de abuso tienen miedo a confesar sus experiencias.

Es importante que se actúe e investigue sobre el abuso sexual en el país ya que según la UNICEF en una encuesta realizada por la Defensa de los Niños Internacional en 1990, “en las ciudades más grandes (Quito y Guayaquil) 3 de cada 10 niños y 4 de cada 10 niñas habían sufrido de algún tipo de abuso sexual en sus vidas” (UNICEF, n.d.). Estas cifras son exorbitantes y preocupantes, adicionalmente reflejan el inmenso problema que es el abuso sexual en el país.

 

II

Marihuana

Historia de la marihuana

            Desde épocas remotas el ser humano ha utilizado a plantas como la cannabis sativa y el opio con propósitos terapéuticos, prácticos o tradicionales. Se cree que la cannabis sativa se origina de regiones en Asia central hace miles de años (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009).   Su uso histórico se remonta a la época del Imperio Chino en el año 2727 a.C. con propósitos medicinales o para extraer sus fibras (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009).  Por otro lado, en la India aproximadamente en el año 2000 a.C. se utilizaba la cannabis sativa para ceremonias religiosas (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009). 

Con el tiempo las plantaciones de ésta se expanden hacia occidente principalmente por sus beneficios de manufactura al extraer sus fibras, como alimento para diversos animales y como condimento de comida (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009).  En el área del Mediterráneo, Herodoto, un historiador Griego, describe su uso por escitas, hebreos, babilonios y asirios (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009).  Adicionalmente, los romanos utilizaban la Cannabis sativa “como fuente de fibra textil y la incorporaron a la farmacopea occidental” (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009, p. 303). 

Posteriormente con la expansión del Islam se populariza la planta y es utilizada por sus efectos psicoactivos (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009).  Según Lorenzo y cols (2009) “el consumo del cáñamo como sustancia psicoactiva fue muy común en algunas sectas islámicas, como la de los dervishes, para ayudar a sus miembros a soportar las largas horas de meditación y ayuno” (p. 304). A partir de las campañas islámicas el consumo de la Cannabis se expande hacia Europa y África.

En el siglo XVII los españoles introducen la planta a América por su uso como fibra. Crean plantaciones de Cannabis sativa a través de América para su exportación masiva hacia Europa (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009).  Sin embargo no se la emplea por sus características embriagantes hasta el siglo XIX. En los años sesenta se populariza su uso como droga psicoactiva y hasta hoy en día sigue aumentando su consumo alrededor del mundo (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009). 

Actualmente se conoce a esta planta por sus propiedades terapéuticas para varias enfermedades como son el cáncer, glaucoma, la esclerosis múltiple y otras condiciones (Gieringer, Rosenthal, 2008)

Botánica Cannabis Sativa

            La Cannabis Sativa “es una planta anual dioica (con tallo macho y tallo hembra)” (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009, p. 304). Ésta crece en climas templados, con un cuidado especial.  Puede llegar a una altura de 1,5 a 6 metros y las hojas son en forma de palma con 5 a 7 hojas (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009).  Finalmente es importante mencionar que “los principios activos se concentran en las flores, brácteas y hojas superiores” (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009). 

Farmacocinética

            Las vías de administración de la sustancia son de ingestión e inhalación o pulmonar, ya que la cannabis sativa tiene baja solubilidad. Los efectos psicoactivos máximos de la sustancia dependen de la vía de administración. Por ejemplo, la cantidad total de THC se aumenta si se fuma en pipa (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009).   Los efectos de THC físicos y subjetivos son inmediatos de 20-30 minutos desde la administración, y tienen una duración de 2-3 horas (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009). 

Es de importancia mencionar que aproximadamente el 97% de el THC se almacena en lípidos del cuerpo y aproximadamente el 1% penetra el sistema nervioso central (SNC) (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009). Según Lorenzo y cols (2009) “los Cannabinoides son atrapados por el tejido adiposo, pulmón, hígado, riñón, corazón, bazo y glándula mamaria, que se comportan como reservorios de THC” (p. 314)

            La eliminación de la sustancia “se excreta por heces y orina durante mucho tiempo (entre una semana y un mes)” (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009, p. 314). La vida media se da aproximadamente al séptimo día desde el consumo (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009).    

Mecanismos de Acción

            El mecanismo de acción de los cannabinoides se basa en el sistema cannabinoide endógeno de los cuerpos. Esto significa que existen receptores específicos de THC y cannabinoides en las neuronas, y que existen sustancias endógenas, o ligandos, que actúan igual que el THC. La importancia que se da a este sistema es que “modula los cambios sinápticos” de otros sistemas a través de una comunicación axonoaxónica (Carlson, 2006). Según Lorenzo y cols (2009) “participan en la regulación de la actividad motora, del aprendizaje y la memoria y de la nocicepción, desempeñan un papel importante durante el desarrollo cerebral” (p. 319).

Receptores.

            Los receptores de cannabinoides en el cuerpo son varios, pero los más conocidos son los receptores CB1 y CB2. Ambos actúan como receptores metabotrópicos, es decir que tienen efectos a través de segundos mensajeros (Carlson, 2006). El receptor CB1 se encuentra en el SNC (en ganglios basales, hipocampo, cerebelo, corteza cerebral y neoestriado) y en SNP. El receptor CB2 principalmente se encuentra en el sistema inmune y en el SNC (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009). 

Cannabinoides endógenos.

            La anandamina y el compuesto 2-araquidonilglicerol son ligandos endógenos a los receptores cannabinoides (Carlson, 2006). Ambos tienen funciones moduladoras de neuromodulador en el cerebro.

Efectos de los Cannabinoides

            Los efectos conocidos de los cannabinoides son varios, pero el propósito de esta investigación se hablará solo de los efectos de la administración de dosis bajas ya que son los que se buscan para un uso terapéutico.

Carlson (2006) menciona en términos generales que el THC produce “analgesia y sedación, estimula el apetito, reduce las náuseas, alivia los ataques de asma [por su función broncodilatadora], disminuye la presión ocular (…) y reduce los síntomas de ciertos trastornos motores. Por otro lado, el THC interfiere en la concentración y la memoria, altera la percepción visual y auditiva, y distorsiona las percepciones del paso del tiempo” (p. 137). También se debe mencionar que “el THC puede producir, a ciertas dosis y en determinadas condiciones, efectos ansiolíticos, antidepresivos e hipnóticos” (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009, p.351). 

            Los efectos psicológicos con el consumo de la marihuana se dan en cuatro fases: 1) fase de aturdimiento (buzz), 2) fase de “colocón o “subidón” (high), 3) colgao o “tocado” (stoned) y finalmente 4) el abatimiento o bajón (comedown) (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009).   La primera fase dura muy poco tiempo y se pasa a la fase de “colocón o “subidón” a partir de los 10-30 minutos. En ésta se comienza con “un periodo exitatorio, con una sensación de euforia y bienestar” (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009, p. 325). También se caracteriza porque las personas tienen “gran locuacidad, experimentan una intensa hilaridad espontánea y  una sensación subjetiva de estar especialmente ingenioso y brillante” (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009). 

En la tercera fase de colgadera se presenta un estado de general de relajación (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009).  En ésta se presenta la etapa de alucinosis visual del tipo abstracto, que se caracteriza por destellos de luz y figuras geométricas. También es común las ilusiones sinestésicas en las cuales los sentidos se ‘mezclan’(Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009). En esta etapa es muy importante la despersonalización y los pensamientos filosóficos. Según Lorenzo y cols (2009) la despersonalización es cuando “los consumidores de cannabis se centran en el presente y excluyen, por completo, el pasado y el futuro” (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009, p. 336). 

Finalmente se pasa a una etapa de abatimiento y el bajón a partir de 1 a 4 horas desde el consumo. Esta etapa se caracteriza por el repentino apetito y los estados de somnolencia (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009). 

 

Dependencia, Tolerancia y Abstinencia

            En cuanto a la dependencia física con el consumo de marihuana se deben hacer más estudios. Sin embargo se cree que existe una leve dependencia física ya que se presenta un síndrome de abstinencia al dejar de consumir la droga. Lorenzo y cols (2009) la describen como “el manifiesto de sacudida corporal (…), insomnio, inquietud, anorexia e irritabilidad” (p. 332). Lo que si es cierto es que dados los efectos subjetivos de la sustancia la dependencia psicológica y social si se puede presentar con mayor facilidad (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009). 

            Con la marihuana se ha visto que “el consumo ocasional de dosis bajas no provoca tolerancia, aunque el consumo continuado de dosis elevadas si lo hace, especialmente, en lo que se refiere a los efectos orgánicos, y en menor medida, a los conductuales” (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009, p. 324). 

Uso terapéutico de la marihuana

            En base a los lugares de acción que se mencionan donde se encuentran los receptores CB, se han encontrado varios usos terapéuticos para la marihuana. Sin embargo, todavía se debe investigar más sobre el tema. A continuación se van a describir algunas de los usos terapéuticos de la marihuana medicinal.

 Dada la inhibición del movimiento en dosis bajas, se puede usar para el tratamiento de: Corea de Huntington, Síndrome de Tourette, la Esclerosis Múltiple, el Parkinson y Discinesias (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009).  También se ha visto que la marihuana tiene funciones de autoinocicepción espinal y supraespinal, por lo que se usa para el tratamiento del dolor crónico y la reducción de los efectos de los opioides (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009).  Por la alteración de la memoria a largo plazo, se puede utilizar en el tratamiento del estrés post-traumático y otros trastornos de memoria (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009).  En cuanto a los procesos cognitivos, la marihuana puede alterar respuestas emocionales y los sistemas de recompensa. Por lo tanto es muy útil para el tratamiento de adicción a las drogas (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009).  Finalmente se conocen los efectos neurovegetativos de la sustancia, que actúan sobre los centros de regulación de emesis, temperatura y apetito. Por lo tanto, según Lorenzo y cols (2009) se utilizan porque “incrementan el apetito y reducen la náusea y el vómito en pacientes con sida o cáncer”. Finalmente se debe mencionar una interesante propuesta creada por María Paz Borja (2012) para el uso terapéutico de la marihuana en el tratamiento de la Anorexia Nervosa utilizando las características de “inducción del apetito, expansión de conciencia y reducción de la ansiedad y la depresión”.

 

III

Uso Terapéutico de la Marihuana en el Tratamiento de Abuso Sexual

 

En este estudio se propone el utilizar en dosis terapéuticas y controladas la marihuana para el tratamiento de abuso sexual en adultos. Es decir, personas que fueron abusadas sexualmente en su infancia, que aún no son resilientes a su situación y que presentan secuelas de largo plazo a raíz del abuso sexual. Por consideraciones éticas las personas en el tratamiento deben ser mayores de edad (18 años en el Ecuador) y todas necesitan acceder a un consentimiento informado sobre el uso de la marihuana, conociendo sus posibles riesgos, al igual que conozcan la libertad de abandonar la terapia cuando ellos quieran.

 

Tiempo y Estructura de la Terapia

Esta terapia se propone en una totalidad de 14 semanas. Este tiempo se establece para poder prevenir la dependencia que se da en consumidores habituales y crónicos de la substancia. En las primeras 2 sesiones se va a dar a los participantes una psicoeducación sobre la marihuana, sus efectos, los riesgos y los usos de la misma. Después de ésta, se empieza con la terapia de marihuana con una duración de 12 semanas en total. Estas sesiones se darían una vez a la semana y en terapia de grupo liderada por el psicólogo o psiquiatra, educado en el tema del abuso sexual. En estas 10 terapias se va a tratar cada uno de los temas de discusión expuestos posteriormente en este trabajo, y cada sesión dura aproximadamente 1 hora y media, ya que en este tiempo se consigue los efectos deseados en terapia de la marihuana. Adicionalmente se recomienda acompañar con terapia individual sin el uso de marihuana. Finalmente las últimas 2 sesiones son recomendadas de evaluación de cómo les funcionó a los pacientes la terapia, de técnicas de mantenimiento, y de conclusión de la terapia.

La terapia en grupo se debe realizar en una habitación con pocos estímulos y luz tenue para evitar la hiperestimulación de los pacientes y que mantengan la concentración en las actividades. La administración de la marihuana se va a realizar a través de la vaporización de la misma en el cuarto, para evitar los efectos adversos de fumar un porro, como son la inflamación de garganta y el consumo de agentes cancerígenos (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009).  Adicionalmente de esta manera se intenta que todos los pacientes tengan una dosis controlada e igual de ingesta. Es importante mencionar que las dosis dependen de la edad, peso y tolerancia del grupo, pero se deben administrar dosis bajas, para que así se alcancen los efectos terapéuticos y positivos en su mayoría.

Se recomienda empezar la terapia cognitiva-conductual en la segunda y tercera etapa después del consumo. Es decir en la fase de subidón porque las personas están en una etapa de locuacidad en la que pueden compartir sus experiencias y sentimientos con mayor facilidad. En la fase de colgadera, se recomienda utilizar los efectos de despersonalización para analizar con las personas lo positivo en el presente de su vida. Adicionalmente se utilizan los pensamientos filosóficos a favor para así abordar los temas de terapia. Finalmente en la cuarta etapa del bajón, se va a dejar a las personas en un estado de relajación y somnolencia para descansar de la descarga emocional y psíquica de las etapas anteriores.

 

Temas Abordados

            Para la terapia grupal de esta propuesta se va a adaptar una terapia cognitiva-conductual creada por Durrant y White (1993) específicamente para el abuso sexual. El principio central es: con los pacientes acercarse a la construcción de una solución en vez de centrarse en el problema y la victimización del paciente (p. 98). De esta manera el paciente toma una posición proactiva en su tratamiento y no solo sigue las ordenes del terapeuta. Siempre se considera que el paciente puede desarrollar los recursos necesarios para conseguir un estado de resiliencia sobre el abuso.

A continuación se describe la serie de principios y temas que se abordan durante la terapia, descritos por Durrant y White (1993, p. 100):

1.      El abuso sexual no provoca inevitablemente problemas emocionales o psicológicos. A pesar de haber sufrido una experiencia muy dolorosa y perturbadora, las personas que fueron ultrajadas tienen muchas fuerzas y recursos a los cuales apelar para resolver las dificultades.

2.      Es más útil preguntarse “¿qué mantiene vivo el problema en la vida de esa persona y qué le impide resolverlo?” (contexto y restricciones)”¿qué causó este problema?” (analizar estructura familiar)

3.      Uno de los principales efectos del abuso sexual es el ataque que perpetra contra la autocaracterización de la persona. Como el abuso puede producir en la víctima ceguera que no le permite percibir ni sus fuerzas ni su capacidad, ésta elabora una versión de sí misma y de sus interacciones “dominada por el abuso”

4.      Sin advertirlo, las personas registran y dan gran importancia a los “hechos” que concuerdan con las caracterizaciones dominadas por el abuso que ellas han elaborado sobre si mismas, los demás, sus relaciones y las situaciones en general. Sin saberlo, estas personas colaboran para mantener “vivos y saludables” los efectos del abuso, a causa de la naturaleza creciente del desarrollo del problema.

5.      Los problemas complejos como el abuso sexual no necesariamente exigen soluciones complejas.

6.      Toda configuración dominada por el abuso incluye ejemplos de EXCEPCIONES que sirven como indicios para llegar a la solución. Poner el acento en esas pequeñas grietas que presenta la conducta o la autoimagen del paciente puede constituir la base para que éste construya una nueva caracterización de sí mismo, de mayor competencia y control

7.      Es necesario definir las dificultades del paciente y hablar de ellas de manera tal que le ayude a sentirse optimista y capaz de resolverlas.

8.      El objeto de la terapia es ayudar a el o de la paciente a superar los efectos del abuso y dar sentido a su vida y a su experiencia de una manera que permita vivir satisfactoriamente, antes que ayudar al paciente a “trabajar abordando” el abuso.

9.      A fin de que ocurran cambios efectivo es necesario que la persona primero se vea a sí misma a través de los lentes de la “capacidad” antes que la “incompetencia”, del “control” antes que del “descontrol”, de la “autovaloración” antes que del “odio a sí misma”, de la “indulgencia” antes que de la “autocensura”, etc.

10.  No es necesario analizar directamente los detalles del abuso a fin de disminuir los efectos. Los/las pacientes son los mejores jueces para determinar si (y cuando) es útil hablar explícitamente del abuso.

 

Posibles Funciones de la Marihuana en la Terapia

            Con las propiedades de la marihuana que se mencionó anteriormente se puede considerar que a parte del uso en la terapia para expansión de consciencia y reflexión, la marihuana puede tener otros efectos positivos sobre los pacientes que han sido abusados sexualmente en la infancia.

            Primero se sabe que las consecuencias sociales a largo plazo del abuso sexual son básicamente centradas en el aislamiento y falta de confianza en otros que siente persona. Con la marihuana en terapia grupal se reduce la ansiedad de la persona en ese momento, para que ésta pueda compartir su experiencia y emociones con otros que han pasado por lo mismo. Así la persona puede identificarse y reaprender como crear relaciones de confianza con otras personas del grupo, y luego aplicar esto a la vida diaria. También se podría decir que la marihuana favorece los sentimientos de empatía con otras personas, para que así la persona se pueda reflexionar sobre las conductas antisociales.

            Como se mencionó anteriormente en lo conductual el abuso sexual tiene secuelas de drogodependencias, trastornos alimenticios y automutilación para reducir la ansiedad del trauma. Con la marihuana nuevamente se alcanza un estado de relajación y bienestar general, por lo que la persona puede desarrollar nuevos mecanismos de enfrentamiento que sean más sanos para el o ella. De igual manera se ha visto que la marihuana es útil para el tratamiento de drogodependencias (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009). Adicionalmente existen propuestas para utilizar la marihuana en ciertos trastornos alimenticios como fue mencionado anteriormente.

            En cuanto al nivel cognitivo se mencionó que existen secuelas de un autoestima general negativo. Con el tratamiento de marihuana se aborda este tema en el inciso 6 y 9 de los temas de abordaje, en los cuales la persona utiliza la expansión de consciencia para reconstruir el “yo” de una manera positiva.

            En cuanto a consecuencias emocionales de depresión, ansiedad crónica, ira, desamparo y más. Se ha visto que “el THC puede producir, a ciertas dosis y en determinadas condiciones, efectos ansiolíticos, antidepresivos e hipnóticos” (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009, p.351).  Esto también puede servir para el tratamiento de los trastornos de ansiedad que se generan a partir del abuso sexual, como son las fobias, trastornos obsesivos compulsivos y más.

Finalmente en cuanto a las consecuencias de bloqueo y desinterés sexual se podría utilizar la marihuana ya que en dosis bajas “aumentan el interés sexual” (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009, p. 326). De igual manera en conductas excesivas de masturbación, promiscuidad, y otras, la propiedad de expansión de consciencia puede ayudar a resolver los conflictos que llevan a estos comportamientos.

 

 

Discusión y Conclusiones

            El abuso sexual es un problema de mayor importancia en el Ecuador ya que se estima que “en las ciudades más grandes (Quito y Guayaquil) 3 de cada 10 niños y 4 de cada 10 niñas habían sufrido de algún tipo de abuso sexual en sus vidas” (UNICEF, n.d.). Estas cifras son exorbitantes y deben ser tomadas con seriedad. La importancia de esta propuesta recae en la facilidad de conseguir marihuana en el Ecuador, la escases de terapias centradas en el abuso sexual en el país y también la enorme cantidad de víctimas de abuso.

Como se ha visto anteriormente, el uso terapéutico guiado, controlado y adecuado de la marihuana puede servir para el tratamiento de abuso sexual en adultos. Es importante tomar en cuenta que como la marihuana es considerada una droga ilegal, se debe tener mucho cuidado en cuanto a consentimientos y consideraciones éticas, al igual que el control de las dosis para tratar de evitar la dependencia en los clientes.

Se recomienda para futuros estudios analizar las consideraciones legales y permisos para poder utilizar la marihuana con fines terapéuticos.

 

 

 

 

Referencias

Borja, M.P. (2012). Uso terapéutico de la Marihuana en la Anorexia Nerviosa. Recuperado de http://www.centroaysana.org/request.php?item=304

Carlson, N. R. (8va Ed.). (2006). Fisiología de la conducta. Madrid: Pearson Educación S.A.

Durrant, M., White, C. (1993). Terapia del Abuso Sexual. Barcelona: Editorial Gedisa.

Gieringer, D.H., Rosenthal, E. (2008). Marijuana Medical Handbook: Practical Guide to Therapeutic Uses of Marijuana. Canada: Quality Books.

Merlyn Sacoto, M.F. (2005). La Problemática del Abuso Sexual en Niños y Adolescentes. Panorama General y Situación en el Ecuador. Quito: Pontificia Universidad Católica del Ecuador.

UNICEF. (n.d). Campaña “Abre los Ojos” contra el abuso sexual lanza UNICEF en Ecuador”. Recuperado de http://www.unicef.org/ecuador/media_5606.htm