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Uso terapéutico de la Marihuana en la Anorexia Nerviosa

POR: María Paz Borja

 

Resumen

El presente trabajo busca proponer el uso terapéutico de la marihuana en el tratamiento de la anorexia nerviosa en tres áreas específicas: inducción del apetito, expansión de

conciencia y reducción de la ansiedad y la depresión. Se pretende que la administración de esta sustancia acompañe a la prescripción de antidepresivos de la clase ISRS (inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina). Por otro lado, se reconoce que para lograr estas metas se necesita de un trabajo en equipo, por lo que se propone integrar este tratamiento con una terapia cognitivo-conductual, una intervención familiar psicoeducativa y una asesoría nutricional, de tal manera que se pueda cubrir todos los aspectos involucrados en este trastorno.

                                      

Prólogo

 

Depresión, abatimiento, infelicidad permanente, constante, persistente, invariable. La

obsesión, mi condición. Mi alma estaba vacía y mi corazón destrozado en mil pedazos.

Cada parte de mí sufría de una manera extraña. Me encontraba vacía, pero de mi corazón desbordaba una enorme necesidad. No podía si quiera reconocer mi reflejo delante de un espejo. No me sentía importante, por lo tanto, no merecía nada, ni si quiera lo básico para sobrevivir. No merecía atención, ni comprensión, mucho menos amor. Los conceptos básicos de alimentación y sueño constituían una amenaza, una vergüenza, algo que no podía permitírmelo a mí misma. Por otra parte, el expresar esta necesidad hubiera sido débil y absolutamente frágil:

1er Intento:

Yo sólo transcribo ilusiones, sueños, delirios, quimeras y obsesiones.

2do intento:

Yo sólo transcribo ilusiones, sueños, delirios, quimeras, frustraciones.

3er intento:

Yo solo pienso, sin palabras te digo lo siento y tus ojos se llenan de lágrimas.

Dulce Introducción al caos:

Los huesos de los besos y el cadáver de mi sonrisa. Fuiste parte de este infierno.

Fue entonces cuando me di cuenta de mi gran necesidad por desaparecer. No

hacía más que llorar y despreciar a la carne, a la vida y a la muerte; porque la muerte es lo único que asegura la vida. No podía encontrar la manera de escapar de mí. Mis

pensamientos zumbaban dentro de mi cabeza como un enjambre de abejas cerca de un panal. Me encontraba fuera de control y cada vez más cerca de la locura. La

inseguridad fue suavemente royendo mi mente y pronto la niña en el espejo apareció

como una vaca fea y pesada.

                       

Esta es mi historia, y la de Ana, o como los médicos la llaman: Anorexia

Nerviosa. Ana comenzó a seguirme a través de los días, incorporándose a mi vida poco a poco, hasta que finalmente nos convertimos en grandes aliadas. Ana sabía de todos mis temores y, como mejores amigas, comenzamos a compartir nuestros secretos. Ella

prometió que me ayudaría a obtener el control sobre mi vida si yo juraba no contarle a

nadie acerca de ella y de nuestra amistad. Ana dijo que esperaba mucho de mí, así que no se me permitiría comer mucho. Se suponía que debía reducir mi consumo de grasas, leer las etiquetas de nutrición, cortar la comida chatarra y aumentar el ejercicio. Para entonces, sus pensamientos y los míos se confundían en uno solo. Los dolores de

hambre que yo fingía no sentir, era su voz que gritaba dentro de mí, pero aún así, yo la

amaba hasta los huesos. La gente pronto comenzó a notar que me encontraba sumergida en un profundo dolor y que estaba usando mi cuerpo, en vez de mi voz, para gritarle al mundo que me estaba ahogando en un mar de sufrimientos. Mi pelo comenzó a caer, mi piel se tornó amarilla, mi mirada era turbia y jamás volvería a brillar…

María Paz Borja De la Torre

                                      

 

Anorexia Nerviosa

Introducción a la anorexia nerviosa

La anorexia nerviosa corresponde a un trastorno de la alimentación que consiste

en una conducta de restricción alimentaria autoimpuesta y que se caracteriza por una

consecuente pérdida progresiva del peso a causa de un deseo irrefrenable de adelgazar (Vallejo, Bulbena, Grau, Poch, Serralonga, 1980). Dicho trastorno puede convertirse en una enfermedad mental severa que exija la hospitalización e incluso ponga en peligro la vida de la persona afectada (Pérez Gaspar, 2009). Etimológicamente hablando, la palabra anorexia significa “falta de apetito”, lo que podría llevar a un error al momento de entender la enfermedad (Elliot, 2003). En un principio no existe una real pérdida del apetito, sino que el paciente es quien se autoimpone el ayuno (Elliot, 2003). Sin embargo, a partir de cierto tiempo de inanición, la persona experimenta una disminución real por el deseo de comer (Vallejo, et al, 1980).

Desde la perspectiva darwiniana, existen dos modelos que buscan explicar la

anorexia nerviosa dentro del ámbito de la psiquiatría. El primero hace referencia al

modelo de supresión reproductiva, según el cual “las hembras suprimen  adaptativamente su funcionamiento reproductivo bajo condiciones de estrés ambiental, social o psicológico” (Restrepo Gómez, Hernández Bayona, Rojas Urrego, Santacruz Oleas, 2002). El segundo modelo, por otro lado, explica su desarrollo como una manipulación de las hembras dominantes sobre aquellas subordinadas, de ahí que la creación de estándares de belleza que resaltan la delgadez extrema sería una “táctica de competencia intrasexual” (Restrepo Gómez, et al, 2002). Este segundo modelo se ve ampliamente respaldado por el hecho de que los hombres, por el contrario, dirigen su atención hacia aquellas mujeres con atributos físicos que afiancen un potencial reproductivo; así los modelos de belleza que promueven la delgadez extrema en la mujer, vendrían a ser autoimpuestos por aquellas mujeres dominantes (Restrepo Gómez, et al, 2002). De la misma manera, Crisp y colaboradores proponen una teoría en la que se vinculan tanto factores biológicos como psicológicos, según la cual al evitar los carbohidratos, se interfiere en la regulación que hace el SNC de la menstruación, de tal manera que invoca una regresión “que elude los conflictos del crecimiento, la independencia personal y la sexualidad” (Rausch Herscovici y Bay, 1990, p.23).

Por otro lado, a la luz de la perspectiva psicoanalítica, se hace referencia a ciertas

características individuales propias de estos pacientes que se fundamentan en el proceso de separación-individuación, reforzadas, ciertamente, por aquellos acontecimientos o vivencias surgidas en las primeras relaciones con la madre (Yosifides, 2006). Lacan (1958, citado en Yosifides, 2006), habla sobre una “papilla asfixiante” y dice que la madre de la Anoréxica confunde el don de amor con la satisfacción de la necesidad, negando además al cuerpo como campo de placer. Además, se tiene en cuenta el “estadio del espejo”, relacionándolo con otras problemáticas de este trastorno, como lo es la distorsión de la imagen corporal (Yosifides, 2006). Lacan sitúa el espejo en el otro, la madre, que desde el lugar del Ideal del yo introduce al niño en el mundo de lo simbólico y a partir del cual, el niño irá construyendo su imagen y podrá amarse únicamente en esa imagen proyectada (Yosifides, 2006). Como consecuencia, cuando esa mirada que se devuelve tiene expectativas muy altas, aparece una necesidad de perfeccionismo y una tendencia a no tolerar la frustración (Yosifides, 2006). Así, podríamos decir que al cumplir con las expectativas de los padres, las anoréxicas “cumplen generalmente con un rendimiento académico muy alto” (Yosifides, 2006, p.26)

Es de crucial importancia comprender que los trastornos de alimentación tienen

una patogénesis compleja y se presentan como el síntoma de un enmarañado número de factores que provocan en estos pacientes un profundo sufrimiento, por lo que no existe una sola causa para que se desencadene un desorden alimenticio. “Sus manifestaciones clínicas son la resultante de la destilación de múltiples factores predisponentes y gatillantes, y su interacción con la capacidad del individuo para hacer frente a las demandas en un momento dado” (Rausch Herscovici, et al, 1990, p. 24).

                                   

 

Los trastornos de alimentación a través de los siglos

Es evidente que a lo largo de la historia se le ha exigido a la mujer procurar un

aspecto físico que se sitúe dentro de determinados constructos establecidos por la estética y la belleza. Sin embargo, dichos parámetros han ido modificándose en consecuencia de las diferentes culturas y períodos históricos. Richard Morton fue el primero en realizar la descripción clínica de la anorexia nerviosa en el año 1649, mientras que a principios de 1870, Sir William Gull fue quien describió a la anorexia (que significa “perdida nerviosa del apetito”) como una enfermedad en sí misma (Rausch Herscovici, et al, 1990). Hoy sabemos con exactitud que las personas que padecen este trastorno no pierden el apetito, sino que lo ignoran de diferentes maneras. En el año 1914, reinó la confusión entre la insuficiencia pituitaria y la anorexia nerviosa a partir de los estudios del patólogo alemán Simmonds, quien describió a una paciente caquéctica después de realizarle una autopsia (Rausch Herscovici, et al, 1990). A partir de 1940, la influencia de los conceptos psicoanalíticos lograron resurgir las teorías de la causalidad psicológica que aseguraban que la anorexia nerviosa “simbolizaba el repudio de la sexualidad, con predominancia de fantasías de embarazo oral” (Rausch Herscovici, et al, 1990, p.23). Sin embargo, dentro de los últimos cuarenta años, Hilde Bruch, desde el punto de vista de la psicopatología individual, dotó a la anorexia nerviosa con ramificaciones biológicas y psicológicas, destacando un trastorno en la imagen corporal y un defecto en la interpretación de los estímulos corporales (Rausch Herscovici, et al, 1990).

Durante la ultima década, las sociedades humanas han empezado a preguntarse si

los trastornos alimenticios corresponden a enfermedades actuales debido a su avanzada progresión, pues podrían estar alcanzando proporciones epidemiológicas (Elliot, 2003).

 

A continuación se procederá a revisar una serie de casos que datan aproximadamente de la Edad Media, en los que una enfermedad misteriosa transformaba a la persona y en la que se evidenciaba una gran pérdida de peso a partir de una dieta autoimpuesta. En el siglo XIV, Liduina de Shiedam, una conocida santa de la época, vivió durante años alimentándose únicamente con pequeños trozos de manzana, aproximadamente del tamaño de una hostia (Rausch Herscovici, et al, 1990). Catalina de Siena, quizá la anoréxica más famosa de la historia, comenzó desde los siete años a rechazar la comida (Elliot, 2003). Durante su adolescencia se alimentó exclusivamente de

hierbas e ingresó como religiosa a una orden católica (Elliot, 2003). De la misma manera, cuenta la leyenda que Santa Wilgefortis, hija del rey de Portugal, “ayunó y le rezó a Dios, rogándole que le arrebatara su belleza para así ahuyentar la atención de los hombres” (Rausch Herscovici, et al, 1990, p. 21). Después de un tiempo de regirse bajo una dieta de inanición y plegarias, su cuerpo y su rostro empezaron a cubrirse de vello (Rausch Herscovici, et al, 1990).

 

Por otro lado, las representaciones de diosas madres encontradas en Europa, que

datan del paleolítico superior, como la Venus de Willendorf y la Venus de L’Esplugue,

constatan que la obesidad fue considerada como un símbolo de belleza, fertilidad, rango social y opulencia, mientras que la delgadez se consideraba como síntoma de pobreza y fealdad (Elliot, 2003). No es hasta 1925, al eliminar el corsé del atuendo femenino, que las mujeres empiezan a ver y mostrar su cuerpo en distinta forma, haciendo que la figura esbelta y delgada sea una característica valorable (Klin y Sancher, 2009). De la misma manera, desde hace varias décadas, además de conservar el rol femenino tradicional (maternidad, cuidado de los hijos, rol sexual, etc.), la mujer se ha incorporado al mundo laboral interiorizando algunos aspectos del rol masculino. La confluencia de ambos roles ha contribuido a un mayor nivel de auto exigencia global, un estilo de vida más estresante y a una mayor inestabilidad emocional. Todo ello puede favorecer a que tras situaciones vitales estresantes se busque el autocontrol a través del manejo del peso y la figura (Pérez Gaspar, 2009). Además, el cambio de rol de las mujeres y su inserción en el mundo laboral, ha traído como consecuencia la ausencia de una persona que se preocupe por los horarios establecidos en la alimentación familiar (papel tradicional de la madre), apoyando al incremento sustancial de la anorexia (Pérez Gaspar, 2009).

                                      

En el siglo XX, se evidencia una mayor prevalencia de la obesidad en los grupos

de nivel socioeconómico inferior, debido a la gran disponibilidad de alimentos de alta

densidad calórica para la población en general (Rausch Herscovici, et al, 1990). Es así

que en la actualidad, tener unos kilos extra ya no representa un signo de lujo y poder,

pues el aumento de pacientes con desórdenes alimentarios se asocia a la búsqueda social desesperada de alcanzar la delgadez extrema (Rausch Herscovici, et al, 1990). Sin embargo, es importante mencionar que los trastornos de alimentación, aluden a factores más profundos y peligrosos que aquel simple deseo de vanidad y perfección. Por lo tanto, la anorexia nerviosa, como cualquier otro tipo de enfermedad, no discrimina en edad, género o posición social. Lipovetsky (1986, citado en Yosifides, 2006) sugiere que en las sociedades de la actualidad, la conmoción de las viejas ideas y costumbres del ser humano, a partir de la era del consumo, nos permite especular que existen hoy en día formas de presentación clínicas que se acomodan a la posmodernidad. De esta manera, resulta una paradoja que en una época donde se prioriza el consumo, estemos regidos “por la era del vacío” (Yosifides, 2006). Así, “es posible pensar que tanto de “vacío”, como de “nada”, parecen nutrirse las patologías alimentarias hoy” (Yosifides, 2006, p. 19).

 

Multideterminación de la anorexia nerviosa

Factores predisponentes.

Los factores predisponentes actuarían desde el inicio de la vida y determinarían la

vulnerabilidad de una persona a padecer un trastorno alimentario. Entre ellos destacan la genética y las costumbres, el funcionamiento autónomo, la autopercepción, factores

característicos de la personalidad, la dinámica familiar y los condicionantes

socioculturales. Genética y costumbres. Sin duda, la carga genética puede hacer que una persona sea más vulnerable o tenga una mayor predisposición a desarrollar algún tipo de trastorno alimenticio. Existe evidencia científica de que los familiares de pacientes con anorexia o bulimia tienen un mayor riesgo de padecer estas patologías. Se ha constatado este hecho en estudios realizados a gemelos. En el caso de la anorexia se ha confirmado una concordancia mayor en gemelos idénticos (50%) respecto a los gemelos no idénticos (10%) (Pérez Gaspar, 2009). En la actualidad, se empiezan a identificar genes candidatos para estos trastornos. Aunque estos resultados representen apenas un indicio, parece que dichos genes estarían implicados en la modificación de la acción de neurotransmisores tales como la serotonina o la noradrenalina, en la desregulación del sistema opioide. Es probable que dicha transmisión esté ocasionada tanto por la heredabilidad de determinados genes, como por el aprendizaje de actitudes y hábitos alimentarios de los padres (Pérez Gaspar, 2009).

Autonomía. Como se mencionó anteriormente, existe en la anorexia nerviosa una

dificultad para el funcionamiento autónomo, el establecimiento de la identidad y de la

separación (Rausch Herscovici, et al, 1990). Esto se atribuye a un déficit del yo o a un

sentido de ineficacia personal (Rausch Herscovici, et al, 1990). La anorexia surge en

pacientes que siente haber perdido el completo control de su conducta, de sus necesidades se impulsos y se sienten bajo la influencia de fuerzas o expectativas externas (Rausch Herscovici, et al, 1990). De esta manera, la amenaza del autocontrol conduce a un consecuente incremento en la preocupación por el cuerpo y la sensación de autocontrol al gestionar la propia ingesta y perder peso (Rausch Herscovici, et al, 1990).

 

Autopercepción. Entiéndase por imagen corporal a la “representación mental que tenemos de nuestro propio cuerpo” (Elliot, 2003, p. 20). Es importante mencionar que la imagen corporal que cada persona tiene de sí mismo, se ve influenciada por sus

experiencias pasadas (Elliot, 2003). De esta manera, cuando la percepción de la imagen corporal es positiva, se evidencia una clara evaluación de la representación mental de la propia figura; mientras que cuando esta es negativa, “la persona tiene una percepción distorsionada de su cuerpo” (Elliot, 2003, p. 21). Si bien este es un factor significativo, pero no universalmente demostrable, ya que no se ha podido establecer si los trastornos de la imagen corporal son parte de una predisposición o de una de las consecuencias de esta patología, “los trastornos de la autopercepción del tamaño corporal y de los estados afectivos internos y viscerales”, son sin lugar a dudas una de las características presentes en la anorexia nerviosa (Rausch Herscovici, et al, 1990).

 

Personalidad premórbida. El elevado nivel de neuroticismo, el perfeccionismo, la

obsesividad, la baja autoestima y la compulsividad son los factores de personalidad más importantes en la aparición de estos trastornos (Pérez Gaspar, 2009). Otros rasgos como una gran necesidad de aprobación externa, una falta de respuesta a las necesidades internas y una alta escrupulosidad, son también característicos de la anorexia nerviosa y dan cuenta de individuos con grandes expectativas personales y de altos esfuerzos por complacer los deseos de los demás (Rausch Herscovici, et al, 1990). En los pacientes con trastorno de la conducta alimentaria (TCA), el sentimiento de logro y autocontrol entorno al peso sirve de herramienta para regular la autoestima, de manera que el orgullo que pueden sentir por su apariencia corporal, se convierte en un sinónimo de valía personal ante las limitaciones para encontrar un sentido de sí mismas (Gómez Restrepo, et al, 2002).

Un estudio de caso realizado por Isabel Pérez Bescanza (2009), publicado en la

revista Psicología y Salud de la Universidad Veracruzana de México, revela la presencia de estos rasgos en una paciente que fue sometida a varias pruebas. La joven fue sometida a la Prueba de Autoestima de Coopersmith, (en la cual la participante demostró un nivel bajo de autoestima, altos niveles de temor a la crítica y poca auto aceptación); al Test de Wartteg, (donde se pudo ver gran inseguridad, poca motivación en lo que a resolución de conflictos se refiere, baja valoración de las normas socialmente establecidas, gran ansiedad y niveles bajos de tolerancia a la crítica); por último al test conocido como Persona bajo la lluvia, que además de reafirmar ciertos rasgos detectados en las pruebas anteriores, confirmó las tendencias perfeccionistas de la paciente.

 

Dinámica familiar. La importancia de la dinámica familiar en estos trastornos es

evidente, aunque la mayor parte de los expertos piensan que no existe un patrón familiar único o típico de estos trastornos. Sin embargo, existen opiniones acerca de padres sobreprotectores y preocupados por la apariencia externa (Rausch Herscovici, et al, 1990). La sobreprotección y la rigidez en los cambios que exige el desarrollo, dentro la dinámica familiar llegada la adolescencia, trae consigo la problemática de la transición a nivel del desarrollo madurativo (niña – mujer), por lo que la amenorrea es un signo que marca este estancamiento del proceso normal de crecimiento (Yosifides, 2006). Lacan (1965, citado en Yosifides, 2006), dice en Dos notas sobre el niño que el síntoma del paciente anoréxico puede representar la verdad de la pareja parental. Sin embargo, existe entre los expertos la opinión de que las personas con bulimia nerviosa pertenecen más frecuentemente que las que tienen anorexia nerviosa a familias más desestructuradas, menos cohesionadas y con más antecedentes familiares de depresión, alcoholismo o abuso de sustancias nocivas (Pérez Gaspar, 2009).

 

Factores socioculturales. Existe una mayor vulnerabilidad en las mujeres a la

presión social que ejerce la publicidad y los distintos medios de comunicación con la

imposición de la “cultura de la delgadez” (Pérez Gaspar, 2009). Los factores

socioculturales parecen actuar tanto en la predisposición, como en el mantenimiento de

cuadros como el de la anorexia y parecen ser los responsables de la sobrevaloración del aspecto físico en las jóvenes de hoy en día. “Hay una permanente invitación a saborear deliciosos platos, con calorías concentradas y, simultáneamente, fuertes demandas del control del peso” (Rausch Herscovici, et al, 1990, p. 34). Este tipo de mensajes contradictorios pueden afectar a que la personas pierdan por completo la noción de su propio cuerpo, especialmente mientras se encuentran atravesando la adolescencia. Los trastornos de alimentación afectan fundamentalmente a adolescentes, y la etapa de mayor riesgo se registra entre los 15 y 25 años de edad (Pérez Gaspar, 2009). Habitualmente se establece la edad media de inicio de la anorexia en los 14 años, quizá por ser la etapa de mayor inestabilidad emocional y de mayor vulnerabilidad a los estándares sociales de delgadez (Pérez Gaspar, 2009). Además durante esta etapa, se produce una búsqueda de la propia identidad y aparece una necesidad de aceptación por parte del grupo al que se pertenece (Feldman, Papalia, Wendkos, 2010).

 

Factores precipitantes.

                                        

Los factores precipitantes son los que en un momento determinado desencadenan

el trastorno. En este campo en particular, se cree que la dieta puede ser el principal factor detonante. Además, se considera importantes al ejercicio excesivo, a los acontecimientos vitales estresantes para la persona, etc. (Pérez Gaspar, 2009). Algunas veces, es posible determinar agentes disparadores, sin embargo, podrían ser los mismos en actuar en el desencadenamiento de otras enfermedades psiquiátricas (Rausch Herscovici, et al, 1990). Dichos disparadores podrían ser eventos tales como una separación o pérdida, un desequilibrio a nivel familiar o alguna enfermedad física previa (Rausch Herscovici, et al, 1990). Lo que sí se ha logrado determinar, es que el individuo que cae en la anorexia presenta dos formas esenciales de percibir el dolor: 1) como una amenaza de pérdida del autocontrol y 2) como una amenaza o real pérdida de la autoestima (Rausch Herscovici, et al, 1990).

 

Agentes mantenedores.

Los agentes mantenedores son aquellos que mantienen o prolongan el curso de un

trastorno una vez que se ha desencadenado. Aquí se incluyen las complicaciones físicas como consecuencia de la malnutrición y ciertos factores psicológicos (alteraciones cognitivas, conductuales y emocionales propias de estos trastornos).

 

Factores cognitivos. Dentro de los factores cognitivos, Garner y Bemis destacan

un pensamiento egocéntrico, concreto y absolutamente dicotómico en el que no hay lugar para los puntos intermedios (Rausch Herscovici, et al, 1990). “Así se torna difícil para la persona regular su ingesta de comida o su actividad física sin caer en extremos” (Rausch Herscovici, et al, 1990, p. 33). Es importante mencionar que existe un refuerzo positivo en la pérdida de peso, por lo que la evitación de los alimentos y el inevitable aislamiento social mantienen el ciclo de la enfermedad. Los tipos de trastornos en el pensamiento propuestos por Garner y Bemis son los siguientes:

 

1) Abstracción selectiva: “basar una conclusión en detalles aislados, ignorando

evidencia contradictoria” (Rausch Herscovici, et al, 1990).

                                        

2) Sobregeneralización: “por medio de la cual extraen una regla a partir de un

hecho y la amplían a situaciones disímiles” (Rausch Herscovici, et al, 1990).

 

3) Magnificación de los estímulos: “es notable cómo, para estos pacientes, las

cosas suelen estar connotadas exageradamente” (Rausch Herscovici, et al,

1990).

 

4) Razonamiento dicotómico: “piensan en términos extremos y absolutos”

(Rausch Herscovici, et al, 1990).

 

5) Personalización y autorreferencia: “hacen una interpretación egocéntrico de

hechos impersonales” (Rausch Herscovici, et al, 1990).

 

6) Pensamientos supersticiosos: “creen en la relación causa-efecto de hechos no

contingentes” (Rausch Herscovici, et al, 1990).

 

Complicaciones físicas. Las complicaciones médicas más importantes en la anorexia nerviosa se producen debido a la gran pérdida de peso que, en varias ocasiones, conlleva a la persona a una desnutrición grave. Esta desnutrición produce grandes

alteraciones metabólicas, endocrinas, músculo-esqueléticas y, en casos muy graves,

problemas hematológicos, cardiológicos y neurológicos que pueden hacer necesaria la

hospitalización e incluso producir la muerte del paciente (Pérez Gaspar, 2009). Una de

las complicaciones más importantes que pueden perpetuar este trastorno corresponde a los cambios que se producen en la fisiología gastrointestinal. En los pacientes con

anorexia nerviosa, se produce un vaciamiento gástrico retardado y una constipación

crónica que dan lugar a una constante sensación de saciedad y ausencia del apetito

(Rausch Herscovici, et al, 1990). Por otro lado, otros síntomas secundarios a la

malnutrición son el insomnio, la hipotermia, la aparición de lanugo en el cuerpo, piel seca y de tonalidad amarillenta, caída del cabello, edemas, estreñimiento, entre otros (Gómez Restrepo, et al, 2002).

 

Comorbilidades en la anorexia nerviosa

Para el momento, el lector se habrá podido dar cuenta que la anorexia nerviosa,

así como los trastornos de alimentación en general, son enfermedades sumamente complicadas y en los que pueden intervenir otro tipo de trastornos afectivos y de

ansiedad. A continuación se exponen dos trastornos de orden psiquiátrico que coexisten

en los trastornos alimenticios. Es importante mencionar que la comorbilidad de la

anorexia nerviosa con estos trastornos, más que la excepción, suelen ser la regla. Por lo tanto, es necesario prestarles una justa y adecuada atención al momento de intervenir en la anorexia nerviosa.

 

Depresión en la anorexia nerviosa.

“La depresión mayor se define por la combinación de anhedonia y tristeza o

irritabilidad persistente, asociadas con un cortejo sintomático que incluye la

desregulación del sueño, de la alimentación, del funcionamiento motor, de las funciones cognitivas y de la autoestima” (Fejerman, 2010). Los trastornos del afecto,

específicamente el trastorno depresivo mayor, tienen según varios estudios, una

prevalencia del 40 al 60% en la anorexia nerviosa (Gómez Restrepo, et al, 2002, p.333).

Es de crucial importancia resaltar que cuando este trastorno afectivo surge por primera

vez en la infancia o la adolescencia, tiene una mayor carga familiar afectiva, tasas

mayormente elevadas de comorbilidad (trastornos de conducta, ansiedad, TDAH) y un

curso más crónico y, por lo tanto, peligroso (Fejerman, 2010). De la misma manera, es de esperarse que la depresión mayor, además de afectar directamente a su familia, provoque en el paciente un deterioro en su funcionamiento social, interpersonal y académico (Fejerman, 2010).

 

Neurobiología de la depresión mayor. Este trastorno se relaciona con un mal

funcionamiento en los circuitos neuronales involucrados en la emoción, pues se ha

encontrado una disfunción en la secreción de cortisol y de la hormona de crecimiento

frente a estímulos químicos determinados (Fejerman, 2010). Tanto el cortisol como la

hormona de crecimiento, intervienen en la regulación del sueño, la alimentación, la

sensibilidad ante situaciones aversivas que causen estrés y a la reactividad frente a una recompensa (Fejerman, 2010).

                                        

Tratamiento de la depresión mayor. El tratamiento de la depresión mayor

comprende psicoterapias individuales o familiares y, por su puesto, tratamiento

farmacológico (Fejerman, 2010). Dentro de las psicoterapias sugeridas por su

comprobada eficacia, tenemos la psicoterapia cognitiva y las terapias psicodinámicas

(Fejerman, 2010). La primera interviene directamente en las distorsiones cognitivas de

estos pacientes en el modo en que se ven a sí mismos, a su entorno y al futuro, pues

tienden a significar negativamente la realidad y a llenarse de emociones y conductas

consistentes con su interpretación (Fejerman, 2010). Por lo tanto, la psicoterapia

cognitiva se ocupa principalmente de identificar y racionalizar aquellos pensamientos y

creencias disfuncionales (Fejerman, 2010). De la misma manera, la terapia psicodinámica se ocupa de las creencias depresivas, las bajas expectativas del paciente en relación a su entorno y sus concepciones pesimistas acerca del futuro (Fejerman, 2010). Por otro lado, se ha demostrado que para aquellos pacientes que requieren de tratamiento farmacológico, “los antidepresivos inhibidores de recaptación de las serotonina (ISRS), tales como la fluoxentina, sertralina, paroxetina, citalopram, y escitalopram, son los fármacos de elección” (Fejerman, 2010, p. 44). Se ha demostrado que las tasas de respuesta con estos fármacos va desde el 50 al 70 % y que, dada las elevadas probabilidades de recaída, se recomienda continuar utilizándolos por aproximadamente 6 meses (Fejerman, 2010). Hay que tomar en cuenta, sin embargo, que estos fármacos producen cierto grado de dependencia, por lo que con una brusca interrupción, se pueden presentar síntomas de abstinencia muy similares a los de una recaída (Fejerman, 2010). Otros efectos secundarios incluyen: molestias gastrointestinales, transpiración excesiva, cambios en los patrones de sueño y apetito, así como también disminución del deseo sexual (Fejerman, 2010).

 

Trastorno obsesivo-compulsivo en la anorexia nerviosa.

El cuadro del trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), se caracteriza principalmente

por la recurrencia de pensamientos, imágenes o de determinados impulsos que causan

una considerable ansiedad en el sujeto (Fejerman, 2010). Como su nombre lo indica, este trastorno se traduce en obsesiones y compulsiones, es decir, en conductas repetitivas a manera de rituales que buscan disminuir la terrible ansiedad (Fejerman, 2010). El TOC sigue un curso crónico y el 50% de las personas que lo padecen siguen afectadas 7 años más tarde de su primer diagnóstico (Fejerman, 2010). Con respecto a los trastornos de ansiedad, ciertos estudios han demostrado una prevalencia de vida de alrededor del 65% en la anorexia nerviosa (Gómez Restrepo, et al, 2002).

 

Neurobiología del TOC. Dentro de los circuitos cerebrales que se ven

involucrados en este trastorno se encuentran principalmente los córtico-estriado-tálamocorticales, donde se ven comprometidos ciertos neurotransmisores, principalmente la serotonina (Fejerman, 2010).

 

Tratamiento del TOC. Para el tratamiento del trastorno obsesivo-compulsivo se

recomiendan tratamientos tales como la psicoeducación, la terapia cognitiva-conductual y la farmacoterapia (Fejerman, 2010). Dentro de la terapia cognitivo-conductual se utiliza una técnica que trata principalmente la exposición al estímulo y la prevención de la consecuente respuesta (Fejerman, 2010). Este abordaje incluye: 1) exponer al paciente a situaciones que provoquen ansiedad y generen las obsesiones, 2) impedir que el paciente realice conductas compulsivas y así lograr disminuir la ansiedad y ayudar al paciente a que reconozca los pensamientos que le generan dicha ansiedad para poder elaborarlos a través de técnicas cognitivas (Fejerman, 2010). En cuanto al tratamiento farmacológico, se utilizan antidepresivos con un potente efecto serotoninérgico como la clorimipramina, la sertralina, la paroxetina, la fluoxetina y el citalopram (Fejerman, 2010). Cabe recalcar que el TOC necesita de dosis más elevadas de antidepresivos de tipo ISRS que los cuadros depresivos (Fejerman, 2010).

 

Tratamiento en la anorexia nerviosa

A pesar de que se han elaborado varias teorías biológicas interesantes acerca de

cómo tratar la anorexia, (que van desde la disfunción hipotalámica hasta la

predisponibilidad genética), la vasta mayoría de los autores convergen en que en esta

enfermedad confluyen además muchos factores sociales, culturales, familiares, del

desarrollo e individuales (Rausch Herscovici, et al, 1990). Existen varios modelos que se han enfrentado al tratamiento de esta patología desde su respectivo enfoque de

pensamiento: psicoanalítico, neopsicodinámico, conductista, cognitivo-conductual,

educacional, sistémico, entre otros (Rausch Herscovici, et al, 1990).

Sin embargo, este trabajo se enfoca exclusivamente en el modelo cognitivoconductual.

Dentro de los representantes más destacados en este modelo se encuentran:

Garner y Bemis, Garfinkel y Garner y Faiburn (Rausch Herscovici, et al, 1990). Este

enfoque toma mucho en cuenta el pensamiento, la emoción y la conducta, prestando

especial atención en cómo estos tres aspectos se relacionan entre sí (Rausch Herscovici, et al, 1990). El tratamiento consiste en lograr que el paciente examine la validez de sus creencias actuales, con el fin de racionalizar aquellos pensamientos comprometidos y supuestos automáticos (Rausch Herscovici, et al, 1990). Por otro lado, se reconoce que para lograr estas metas se necesita de un trabajo en equipo, por lo que se propone integrar esta terapia con una intervención familiar psico-educativa, una asesoría nutricional, y un tratamiento farmacológico (flouxetina), de tal manera que se pueda cubrir todos los aspectos involucrados en este trastorno.

En la intervención familiar psico-educativa, “se busca dar a la familia los elementos necesarios para la comprensión del trastornos y ayudarles a generar alternativas de manejo acordes con las dificultades específicas de la paciente (Gómez Restrepo, et al, 2002). Sin embargo, en casos más extremos de disfunción familiar, se recomienda la implementación de una psicoterapia familiar formal, con el objetivo de romper con aquella dinámica que podría ocasionar la perpetuación de los síntomas (Gómez Restrepo, et al, 2002). Por otro lado, el apoyo nutricional es indispensable en el tratamiento de esta enfermedad, pues se requiere introducir al paciente a una

regularización de la ingesta a partir de un “diseño de menús mínimos y máximos” de manera gradual y balanceada (Gómez Restrepo, et al, 2002).

De la misma manera, el control farmacológico es absolutamente necesario, pues

se pretende cubrir las tendencias obsesivas y compulsivas vinculadas a las

preocupaciones acerca del peso y la imagen corporal, además de los síntomas depresivos. Los fármacos más exitosos y utilizados son los antidepresivos del tipo de los inhibidores de recaptación de serotonina, especialmente la fluoxetina con dosis de entre 40 a 60 mg/día (Gómez Restrepo, et al, 2002). “La utilidad de la fluoxetina parece ser evidente después de la rehabilitación nutricional y durante el seguimiento para prevenir recaídas” (Gómez Restrepo, et al, 2002, p. 577). Sin embargo, este trabajo propone un tratamiento farmacológico, adicional a la utilización de la fluoxetina, del que se hablará y profundizará más adelante: el uso terapéutico de la marihuana.

 

Marihuana

Introducción a la marihuana

Cannabis Sativa.

 

La Cannabis Sativa es una planta anual dioica, es decir, de tallo macho y hembra,

que se encuentra típicamente en zonas templadas y de donde se extrajeron por  primera vez los cannabinoides (Lorenzo, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009). Dicha planta, tiene una altura aproximada de 1, 5 a 6 metros y sus hojas están dispuestas en forma de palma (Lorenzo, et al, 2009). Los principios activos presentes en la Cannabis Sativa, se concentran principalmente en las flores, las brácteas y las hojas superiores de la planta (Lorenzo, et al, 2009). El término “cannabinoide” no sólo se utiliza para definir los

principios activos de la planta, como por ejemplo el tetrahidrocannabinol (THC), sino

para agrupar a nuevos tipos de moléculas que provienen esencialmente de elaboraciones sintéticas como el CP55,940 (Lorenzo, et al, 2009). Existen tres formas principales de utilización de los cannabinoides: 1) Resina o aceite de cannabis 2) Marihuana, 3) Hachís (Lorenzo, et al, 2009). Este trabajo se centra únicamente en la segunda forma de utilización mencionada, ya que de las tres variedades, la marihuana es la que contiene menor concentración de THC.

 

Marihuana.

La marihuana, también conocida con el nombre de grifa, maría o hierba, “es la

preparación seca y triturada de flores, hojas y tallos de pequeño tamaño (Lorenzo, et al,

2009, p. 312). Habitualmente, su consumo es por vía pulmonar y a menudo se la mezcla con tabaco, aunque también suele fumársela sola (Lorenzo, et al, 2009). Un cigarrillo o porro de marihuana, contiene generalmente de un 5 a 14 % de THC, mientras que si se lo impregna con aceite de cannabis, su porcentaje puede duplicarse (Lorenzo, et al, 2009). Sin embargo, también puede ser ingerida (vía oral) sola o mezclada con otros alimentos como golosinas, galletas, sopas o cualquier otro tipo de comida (Lorenzo, et al, 2009).

 

Datos históricos

A lo largo de la historia de la humanidad, el ser humano no ha dejado de utilizar

diferentes tipos de plantas con fines terapéuticos y espirituales dentro de diferentes

contextos históricos y culturales (Lorenzo, et al, 2009). Los usos más antiguos del uso de los derivados del cannabis, se remontan al año 2727 a.C. en el Imperio Chino tanto por sus propiedades medicinales como para extraer cierto tipo de fibras (Lorenzo, et al,

2009). De la misma manera, aproximadamente en el año 2000 a.C, en la India se utilizaba esta sustancia para ceremonias religiosas. Posteriormente se extendió al Occidente y hacia el año 1500 a.C, se la conoció en el Mediterráneo (Lorenzo, et al, 2009). “Otros pueblos que utilizaron la planta fueron los hebreos, los babilonios y los asinos” (Lorenzo, et al, 2009, p. 303). Por otro lado, la expansión del Islam tuvo un papel trascendental en la difusión de la planta por sus efectos de embriaguez (Lorenzo, et al, 2009). Sin embargo, durante el Medievo, su consumo se volvió un problema para las autoridades, por lo que más tarde se dictarían prohibiciones para el consumo de esta sustancia (Lorenzo, et al, 2009). A partir de las campañas napoleónicas en Egipto, el cannabis fue introducido a Europa. Sin embargo, no es hasta la mitad del siglo XVII, que la planta llegó al continente americano de la mano de los españoles (Lorenzo, et al, 2009). Resulta interesante que varios de los escritores más famosos del siglo pasado en Europa, hayan sido consumidores de esta sustancia, llegando incluso a establecer clubs des hachischins en toda Francia (Lorenzo, et al, 2009). En los años sesenta, con el movimiento hippie, su uso se popularizó en el mundo occidental, especialmente dentro del ambiente contracultural juvenil (Lorenzo, et al, 2009). En la actualidad, el uso del cannabis ya no parece guardar relación alguna con fines religioso importantes (Lorenzo, et al, 2009). Por esta razón, su posible utilidad terapéutica no se encuentra relacionada con “ninguna creencia, superstición o estado místico del individuo” (Lorenzo, et al, 2009, p. 304). Así, gracias al avance del conocimiento en los últimos años, han surgido varias propuestas entorno a su potencial terapéutico para diferentes tipos de enfermedades y trastornos psicológicos (Lorenzo, et al, 2009).

Farmacocinética de la marihuana

Como se ha señalado anteriormente, existen dos vías principales de

administración de esta sustancia (oral y pulmonar), por lo que se considera de gran

importancia profundizar en las diferentes maneras en las que la marihuana se metaboliza en el organismo. En primer lugar, los niveles de THC, después de absorber el humo de un cigarrillo de marihuana, llegan al máximo en unos pocos minutos y desaparecen rápidamente gracias a su gran liposolubilidad y consecuente redistribución (Lorenzo, et al, 2009). De la misma manera, los efectos subjetivos provocados por esta sustancia son inmediatos, alcanzando un máximo efecto entre 20 a 30 minutos después de la primera administración, pudiendo durar de dos a tres horas (Lorenzo, et al, 2009). La dosis oral es menos eficaz que la pulmonar, por lo que debería ser de “ tres a cinco veces mayor para que se produzcan efectos similares” (Lorenzo, et al, 2009, p.313). Es importante mencionar que solo el 3% del THC circula libre en el plasma, el 97% se une a lipoproteínas y sólo el 1% de la fracción unida, penetra el SNC (Lorenzo, et al, 2009).

Por otro lado, el THC se procesa rápidamente por enzimas hepáticas, pulmonares y

cerebrales y tarda en eliminarse de organismo entre una semana y un mes (Lorenzo, et al, 2009). “Este período elevado de eliminación se explica por la alta liposolubilidad de estos compuestos y por el fenómeno de la redistribución referido anteriormente” (Lorenzo, et al, 2009, p. 314). De esta manera, el consumo crónico de cannabinoides puede provocar el desarrollo de tolerancia inversa ante dicha sustancia, es decir, producir los mismos efectos, o aun más acentuados, con dosis más bajas (Lorenzo, et al, 2009).

 

Mecanismos de acción de las sustancias cannabinoides

El mecanismo de acción de las sustancias cannabinoides ha permitido descubrir

que en el organismo animal también existen ciertas sustancias endógenas que llevan el

nombre de “endocannabinoides” (Lorenzo, et al, 2009). Dicho sistema representa una

forma de comunicación y regulación celular, constituido por tres tipos de elementos: 1)

receptores de membrana, 2) ligandos endógenos y 3) procesos de finalización de la señal biológica (Lorenzo, et al, 2009).

 

Receptores cannabinoides (CB).

Los principales tipos de receptores que se han descrito corresponden a los

receptores cannabinoides CB1 y CB2. Es importante mencionar, que debido a que este

trabajo se enfoca principalmente en el receptor CB1, se realizará una descripción más

profunda y sustantiva de su funcionamiento.

1) CB1: este receptor fue el primero en ser identificado y clonado. Se encuentra

presente tanto en el sistema nervioso (específicamente en los ganglios basales,

hipocampo y cerebelo, y en menor densidad, en la corteza cerebral y

neoestriado), como también en la periferia (Lorenzo, et al, 2009). En ciertas

estructuras, los receptores CB1 se localizan junto con otros receptores que

utilizan similares sistemas efectores a los del GABA-B (Lorenzo, et al, 2009).

Este fenómeno es conocido como “convergencia de receptores”, pues los

agonistas cannabinoides pueden actuar modulando otros sistemas (Lorenzo, et

al, 2009).

 2) CB2: este receptor cannabinoide se encuentra principalmente en el sistema

inmune y en algunos otros tejidos incluido el sistema nervioso (Lorenzo, et al,

2009).

 

Ligandos cannabinoides.

La araquidonoiletanolamida, a la que se denominó “anandamina”, es un derivado

etanolamida del ácido araquidónico que se fija especialmente en los receptores CB1,

actuando como agonista de dichos receptores (Lorenzo, et al, 2009). De esta manera, la anandamina precipitaría la liberación de los neurotransmisores GABA y glutamato, entre otros (Lorenzo, et al, 2009).

 

Procesos de finalización de la señal biológica.

“Una vez dentro de la célula, la anandamina se degrada por la acción de una

hidrolasa específica para amidas de ácidos grasos, llamada FAAH” (Lorenzo, et al, 2009,p. 319). De esta manera, la anandamina se mantiene inactiva durante 5 a 20 minutos a causa de la hidrólisis que corresponde a una reacción química entre una molécula de agua y otra molécula distinta, logrando que la primera se divida modificando la estructura química de sus átomos (Lorenzo, et al, 2009).

 

Funciones del sistema cannabinoide endógeno.

El sistema cannabinoide endógeno desempeña un papel muy importante en

nuestro organismo, pues se encarga de modular diferentes procesos fisiológicos (Lorenzo, et al, 2009). Así, el sistema endocannabinoide actúa principalmente en el cerebro, el sistema inmune y cardiovascular y, en menor medida, a nivel del metabolismo energético y endócrino (Lorenzo, et al, 2009). Es de crucial importancia resaltar la posible trascendencia terapéutica que puede tener la activación de los receptores cannabinoides, especialmente el tipo CB1. A partir de varias investigaciones, se ha dado a conocer que este sistema “funcionaria a nivel de las sinapsis cerebrales como un sistema de señalización retrógrada”, reguladora de los procesos de liberación de ciertos neurotransmisores como el GABA, el glutamato, la serotonina, la acetilcolina, entre otros (Lorenzo, et al, 2009).

 

Potencial terapéutico de los endocannabinoides en el cerebro.

A continuación se mencionarán dos de los procesos cerebrales en los que

intervienen los endocannabinoides que se consideran relevantes para este trabajo:

1) Procesos cognitivos: Dentro de los procesos cerebrales relacionados con los

endocannabinoides encontramos los procesos cognitivos, en los cuales la función

atribuida a los endocannabinoides corresponde principalmente a una “alteración

de la respuesta motivacional, emocional y de los sistemas de recompensa

(Lorenzo, et al, 2009). Por otro lado, es preciso mencionar que la presencia de los

receptores CB1, son en esencia las estructuras límbicas (Lorenzo, et al, 2009).

2) Procesos neurovegetativos: Las funciones atribuidas a los endocannabinoides en

los procesos neurovegetativos del cerebro, se traduce en su incidencia en los

centros nerviosos que regulan la emesis, la temperatura y el apetito (Lorenzo, et

al, 2009). Así, estas sustancias endógenas incrementan el apetito y pueden reducir

las sensaciones de náuseas y el vómito como por ejemplo, en los pacientes con

sida o cáncer (Lorenzo, et al, 2009).

 

Utilidad terapéutica de los derivados del cannabis.

Alteraciones del estado de ánimo.

Dentro de los circuitos cerebrales relacionados con la emoción, se encuentran

distribuidos los receptores CB1, lo que sugiere una relación directa entre los

endocannabinoides y los trastornos del estado de ánimo como por ejemplo, la depresión (Lorenzo, et al, 2009). Por lo tanto, “el THC puede producir, a ciertas dosis y en determinadas condiciones, efectos ansiolíticos, antidepresivos e hipnóticos” (Lorenzo, et al, 2009, p. 351). Esto revela, por lo tanto, la capacidad ansiolítica y antidepresiva de los cannabinoides endógenos (Lorenzo, et al, 2009).

 

Trastornos de la ingesta.

Una de las principales características del cannabis es la estimulación del apetito,

por lo que se dispone de datos sobre la utilidad del THC en el tratamiento de la caquexia en pacientes con cáncer o sida (Lorenzo, et al, 2009). De la misma manera, también se ha sugerido que la utilización de cannabinoides para el tratamiento de la anorexia nerviosa y otros trastornos de la ingesta puede ser efectivo (Lorenzo, et al, 2009). “Las pacientes con anorexia nerviosa presentan un aumento en los niveles plasmáticos de la anandamina, que pueden ser secundarios a la marcada disminución de los niveles de leptina en el plasma de estos mismos pacientes” (Lorenzo, et al, 2009, p. 354). La anandamina está directamente relacionada con los niveles cerebrales de los organismos, de tal manera que el aumento de anandamina en estos pacientes, podría estar teniendo un efecto de recompensa en relación al estado de ayuno autoimpuesto (Lorenzo, et al, 2009).

 

Dependencia física y síndrome de abstinencia.

Los cannabinoides son capaces de generar tolerancia a los principales efectos

farmacológicos (Lorenzo, et al, 2009). De la misma manera, estas sustancias han

demostrado generar dependencia física después de una administración crónica de 15

mg/kg de THC, pues se han observado síntomas similares a los de los opioides durante el síndrome de abstinencia física tras la administración de un antagonista cannabinoide

(sacudida corporal, autoacicalamiento, diarrea, hipertermia, postura corporal anómala,

entre otros) (Lorenzo, et al, 2009). Sin embargo, en este trabajo se ha realizado un

minucioso análisis para prevenir cualquier tipo de dependencia física y psicológica.

 

Uso terapéutico de la marihuana en la anorexia nerviosa

Antes de comenzar este apartado, es importante resaltar que este trabajo no se

basa en una investigación experimental, sino que mas bien constituye una propuesta que asienta sus raíces en la recopilación de varias fuentes académicas, con el objetivo de presentar al lector la más amplia gama de información y así poder sustentar dicha

propuesta. A continuación se exponen tres áreas específicas del tratamiento de la

anorexia nerviosa en las que se pretende intervenir con la utilización terapéutica de la

marihuana.

 

Inducción del apetito.

Como se ha mencionado con anterioridad, una de las principales características

del cannabis es la estimulación del apetito, por lo que se propone la utilidad terapéutica

del THC en el tratamiento de la anorexia nerviosa. Claro está que la anoréxica no

presenta al inicio del trastorno una real pérdida del apetito; sin embargo, a partir de cierto tiempo de inanición, la persona sí experimenta una disminución real por el deseo de comer. Es necesario tomar en cuenta que puede existir la probabilidad de que a causa del trastorno psicológico que lleva a los pacientes con anorexia nerviosa a rechazar la comida, la utilización de los cannabinoides como tratamiento farmacológico estimule el conflicto entre la sensación de hambre y el rechazo psicológico a la comida. Por esta razón, el presente trabajo propone el siguiente tipo de intervención: el consumo de medio cigarrillo de marihuana una vez a la semana en pacientes anoréxicas mayores y menores de edad que estén internas en un centro de rehabilitación. En el caso de las pacientes menores de edad, será necesario obtener el consentimiento informado de los padres antes de dar inicio al tratamiento.

Se propone únicamente la mitad de un cigarrillo de marihuana, debido al poco

tejido adiposo que presentan estas personas a causa de la malnutrición, a la alta

liposolubilidad característica de esta sustancia y por su puesto, a su elevada redistribución en el organismo. Generalmente, un cigarrillo de marihuana de peso estándar contiene de un 5 a 14 %, (entre 40 y 100 mg), de THC (Lorenzo, et al, 2009), por lo que la paciente anoréxica necesitará de una menor dosificación de dicha sustancia para alcanzar los efectos deseados. Por otro lado, se producirá una reducción en la capacidad de fijación del THC a los tejidos grasos de la persona, evitando así la aparición de una tolerancia inversa. De la misma manera, gracias a que la dosis será relativamente baja, la eliminación de dicha sustancia a través de las heces y la orina se dará de manera mucho más rápida.

La administración de esta sustancia se deberá realizar de 20 a 30 minutos antes de

la sesión terapéutica, pues es en este lapso de tiempo en el que se alcanza el máximo de sus efectos subjetivos, pudiendo durar de 2 a 3 horas (Lorenzo, et al, 2009). Las sesiones terapéuticas deberán ser programadas aproximadamente una hora antes del horario establecido para el almuerzo, con el objetivo de que después de la terapia, la estimulación del apetito de estas pacientes actúe sobre la cantidad y la calidad de su alimentación. Es importante mencionar, que tanto el consumo de marihuana como la alimentación en estas pacientes, deberán ser supervisadas por profesionales con el objetivo de evitar cualquier tipo de abuso, ya sea en la administración de dicha sustancia como en la ingesta de alimento (atracones). Se propone que la administración de la marihuana acompañe a la prescripción de antidepresivos de la clase ISRS (inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina) y que sea consecuente con el progreso objetivo de la paciente. De la misma manera, se recomienda la utilización terapéutica de esta sustancia por un lapso de tiempo de máximo 3 meses.

 

Expansión de conciencia.

Efectos psicopatológicos inmediatos al consumo de cannabis.

Las etapas de experiencia subjetiva al consumir cannabis son las siguientes:

1) Fase de “aturdimiento” (buzz): de esta fase se pasa directamente a la fase siguiente, la de “colocón” (Lorenzo, et al, 2009).

2) Fase de “colocón” o “subidón” (high): dentro de esta fase se experimentan todos

los síntomas distintivos del consumo de cannabis. Dicha fase surge entre los 10 a

30 minutos posteriores al consumo (Lorenzo, et al, 2009). Se experimenta una

“gran locuacidad e intensa hilaridad espontánea, que se unen a la sensación

subjetiva de estar especialmente ingenioso y brillante” (Lorenzo, et al, 2009,

p.337). Esto se ve sustentado por un aumento en la velocidad de aparición de

ideas, produciéndose un estado mental denominado “euforia fatua” (Lorenzo, et

al, 2009). De la misma manera se experimenta una sensación de aumento en la

concentración y un trastorno sensoperceptivo caracterizado por ser principalmente

de tipo visual y abstracto, como por ejemplo destellos de luz y figuras

geométricas (Lorenzo, et al, 2009). Aunque existe un aumento en la

sensibilización para los estímulos externos (colores, sabores, texturas y sonidos),

es importante mencionar que no existe una real pérdida del contacto con la

realidad (Lorenzo, et al, 2009).

Se propone que durante esta fase se empiece la terapia (cognitivo-conductual)

con una duración aproximada de una hora, pues en este estado pueden producirse

pensamientos de contenido metafísico y filosófico, además de ensoñaciones y

fantasía inusuales de poder. Por otro lado, cabe recalcar que la intensidad de esta

fase puede ser variable y que puede alternarse con periodos de lucidez (Lorenzo,

et al, 2009).

3) Fase de “colgado” o “tocado” (stoned): en esta fase se siguen experimentando

sensaciones similares a las de la fase anterior, sin embargo, pueden producirse

ilusiones sinestésicas, una percepción prolongada del tiempo, una sensación de

despersonalización y, en ocasiones, ilusiones cenestésicas (trastorno de la

percepción de la sensibilidad propia e interoceptiva) y cinestésicas ( trastorno en

la percepción de los movimientos activos y pasivos) (Lorenzo, et al, 2009).

 

Se recomienda que la terapia haya terminado una vez alcanzada esta etapa,

pues las alucinaciones revelan que se ha llegado al punto culminante de los efectos de la marihuana.

4) Fase de “abatimiento” o “bajón” (comedown): la fase de “abatimiento comienza

entre 1 o 4 horas después de haber ingerido la sustancia y se produce un repentino

apetito y un consecuente estado de somnolencia (Lorenzo, et al, 2009).

La hora del almuerzo debe coincidir con esta fase, de manera que el

incremento de apetito repercuta directa y positivamente en la alimentación de las

pacientes. Se recomienda que el horario de almuerzo sea acompañado por los

terapeutas con el objetivo de guiar este proceso. Una vez terminado el periodo de

almuerzo, sería de gran importancia organizar una reunión con las pacientes para

que expresen sus experiencias (sentimientos, pensamientos y expectativas), y así

evitar emociones aversivas como la culpabilidad, el descontrol, el miedo, etc.

 

Reducción de la ansiedad y la depresión.

Como se ha analizado en los anteriores apartados, los cannabinoides tienen una efectiva repercusión en la reducción de la ansiedad y la depresión, pues dentro de los circuitos cerebrales en relación directa con la emocionalidad de un organismo se encuentran distribuidos los receptores CB1; en consecuencia, el THC produce efectos

ansiolíticos y antidepresivos. Este trabajo propone que el consumo de marihuana acompañe a la prescripción de antidepresivos de la clase ISRS (fluoxetina, también conocida como Prozac), ya que la marihuana será únicamente administrada una vez a la semana.

 

Modelo explicativo de la anorexia nerviosa

 

1) Factores predisponentes: dentro de los factores predisponentes encontramos agentes que actuarían desde el inicio de la vida y determinarían la vulnerabilidad de una persona a padecer un trastorno alimentario (genética y las costumbres, el funcionamiento autónomo, la autopercepción, factores característicos de la personalidad, la dinámica familiar, la sobreprotección y los condicionantes socioculturales).

 

2) Emociones negativas: las emociones negativas que se pueden presentar son varias, sin embargo dentro de las más comunes encontramos por ejemplo la ira, a ansiedad, la depresión, la frustración, el descontrol, entre otras.

 

3) Pensamiento irracionales: los pensamientos irracionales siempre giran entorno a la baja autoestima característica de estas pacientes. Casi siempre confluyen los tipos de trastornos en el pensamiento propuestos por Garner y Bemis (s.f, citados en Rausch Herscovici, et al, 1990): abstracción selectiva, sobregeneralización,

 

Factores                  predisponentes  

Emociones             negativas             

Pensamientos        irracionales        

Creencias                falsas    entorno                al             autoconcepto     

Inanición                

Irritabilidad           

magnificación de los estímulos, razonamiento dicotómico, personalización y

autorreferencia y pensamientos supersticiosos.

 

4) Creencias falsas entorno al autoconcepto: Las personas con anorexia nerviosa suelen tener una distorsión entorno a su autoconcepto. A menudo se subestiman, percibiéndose a sí mismas con un sentido de ineficacia personal. Sienten haber perdido el completo control de su existencia, encontrándose bajo la influencia de fuerzas y expectativas externas. Así, la amenaza al autocontrol conduce a un consecuente incremento en la preocupación por el cuerpo y, al gestionar la propia ingesta y perder peso generan una sensación de control de sí mismas. Además, es preciso mencionar, que la distorsión que las personas con anorexia nerviosa tienen de su cuerpo, actúa como determinante en cuanto a dichas creencias.

 

5) Inanición: La inanición surge como consecuencia de todos los anteriores elementos. Se produce una evidente y significativa pérdida de peso y por consiguiente, la paciente se encuentra inmersa en una grave desnutrición.

 

6) Irritabilidad: La irritabilidad en la paciente anoréxica se produce a causa del desequilibrio homeostático del organismo. Se producen bajos niveles de serotonina, hipotermia, alteraciones metabólicas, endocrinas, músculoesqueléticas y, en casos muy graves, problemas hematológicos, cardiológicos, neurológicos y problemas en la fisiología gastrointestinal, que pueden hacer necesaria la hospitalización e incluso producir la muerte de la paciente. De esta manera, se perpetúan los factores predisponentes, pues se genera un constante conflicto.

 

Discusión y conclusiones

La anorexia nerviosa corresponde a un trastorno de la alimentación que consiste en una conducta de restricción alimentaria autoimpuesta y que se caracteriza por una consecuente pérdida progresiva del peso a causa de un deseo irrefrenable de adelgazar. Es de crucial importancia comprender que los trastornos de alimentación tienen una patogénesis compleja y, que se presentan como el síntoma de un enmarañado número de factores provocando en estos pacientes un profundo sufrimiento. Así decimos que no existe una sola causa para que se desencadene un desorden alimenticio. Por otro lado, se han expuesto en este trabajo tres áreas específicas en el tratamiento de la anorexia nerviosa en las que se pretende intervenir con el uso terapéutico de la marihuana: inducción de apetito, expansión de conciencia y reducción de la ansiedad y la depresión. El presente trabajo propone el siguiente tipo de intervención: el consumo de medio cigarrillo de marihuana una vez a la semana en pacientes anoréxicas mayores y menores de edad que estén internas en un centro de rehabilitación. Sin embargo, en el caso de las pacientes menores de edad, será necesario obtener el consentimiento informado de los padres antes de dar inicio al tratamiento. De la misma manera, el trabajo reconoce la importancia de un tratamiento en conjunto, es decir, de un trabajo en equipo, por lo que se propone integrar esta terapia con una intervención familiar psico-educativa, una asesoría nutricional, y un tratamiento farmacológico (flouxetina), para poder cubrir todos los aspectos involucrados en dicho trastorno. Por lo tanto, se propone que la administración de esta sustancia acompañe a la prescripción de antidepresivos de la clase ISRS (inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina) y que sea consecuente con el progreso objetivo de la paciente. De la misma manera, se recomienda la utilización terapéutica de esta sustancia por un lapso de tiempo de máximo 3 meses.

Es necesario tomar en cuenta que puede existir la probabilidad de que a causa del trastorno psicológico que lleva a los pacientes con anorexia nerviosa a rechazar la comida, la utilización de los cannabinoides como tratamiento farmacológico estimule el conflicto entre la sensación de hambre y el rechazo psicológico a la comida. Sin embargo, dicho conflicto, actuaría previniendo la dependencia psicológica a esta sustancia al generar cierto resistencia a la a la misma, al saber que es ésta la que induce el apetito a la paciente. En cuanto a la capacidad de los cannabinoides de generar tolerancia a sus principales efectos farmacológicos y desarrollar una dependencia física después de una administración crónica, se podría decir que más dependencia física tienden a generar los fármacos antidepresivos y ansiolíticos (fluoxetina) que la marihuana misma.            

 

 

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