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Prohibir la prescripción de Metilfenidato en Niños y Adolescentes

 

Por: Christian X. Vaca

Resumen

El metilfenidato (MFD) es considerado un medicamento psicoestimulante,  que tiene su uso desde hace más de 50 años para el tratamiento de los trastornos por déficit de atención con hiperactividad (TDH). La estructura de este fármaco es similar a la anfetamina, pero sus efectos son parecidos a la cocaína. Los efectos secundarios que van desde somnolencia, taquicardia, depresión, alteraciones del apetito, timidez, trastornos cardiovasculares y a largo plazo la utilización de otras drogas, han sido de discusión para el grupo etario de menores de 18 años, en el cual es su mayor uso.

El propósito de este proyecto es dar los argumentos necesarios, en base a revisiones bibliográficas, a que se debe suspender el uso de este fármaco y buscar otras alternativas de manejo;  las mismas que incluyen a la familia, escuela y sociedad.

 

Introducción

            El Metilfenidato es un medicamento clasificado como estimulante del Sistema Nervioso Central, cuyo nombre comercial más conocido es el de Ritalin y que ha generado un gran debate a nivel mundial, especialmente por su uso generalizado en el Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad, haciéndolo una de las drogas más recetadas en niños a nivel mundial, lo cual ha creado una incongruencia aparentemente insalvable, sin que la comunidad médica llegue hasta la fecha a un acuerdo. La aparente prescripción indiscriminada en niños de un estimulante "legal" con acciones similares al Clorhidrato de Cocaína a nivel cerebral, ha tenido como resultado final la formación de dos polos muy separados y extremos en la comunidad científica, que se encuentran distanciados por una brecha cada vez más grande, donde no hay espacio para las zonas grises, y cada bando conformado por múltiples expertos y especialistas, que defienden acérrimamente sus creencias.

            La evidencia científica es muy variada y lastimosamente muy contradictoria, cada grupo polarizado cuenta con la suficiente cantidad de investigaciones que apoya el uso de Metilfenidato en niños, o que exhorta su descontinuación para evitar futuros riesgos de salud en los mismos. El problema es diferenciar en estos grupos de especialistas, quien esta realmente preocupado por la salud de los niños, y quienes son movidos por intereses económicos. Finalmente, si el verdadero objetivo de ambos grupos es la salud infantil, no debería existir ningún problema en descontinuar el uso terapéutico de Metilfenidato en un grupo tan vulnerable como son los niños, por lo menos, hasta que desaparezcan las dudas acerca sus efectos adversos. No se debe olvidar que en términos médicos, el Metilfenidato puede ser considerada como una droga joven, con apenas 30 años aproximadamente de uso, en la que, por cuestiones cronológicas es imposible aún determinar el verdadero impacto en la salud a largo plazo y las verdaderas complicaciones están escondidas en sus pequeños y jóvenes usuarios.

Marco Teórico

            El Metilfenidato (MFD), es un fármaco psicoestimulante que incrementa los niveles de dopamina y noradrenalina a nivel cerebral, comercializado con los conocidos nombres de Ritalin o Concerta, "(...) es una feniletilamina, con estructura y propiedades farmacológicas similares a las de las anfetaminas." (Pascual-Castroviejo, 2009 p. 144) bloquea la recaptura de neurotransmisores, especialmente catecolaminas a nivel sináptico, por lo que prolonga el tiempo de acción de los mismos en la brecha, incrementa la liberación de dopamina a nivel del núcleo estriado y de los ganglios basales, y finalmente también posee efectos agonistas sobre receptores alfa y beta adrenérgicos. El resultado final, es un incremento del nivel de alerta, que a través del aumento del nivel excitatorio del cerebro, mejora tanto la concentración, como el control de impulsos.

            Estos efectos a nivel cerebral, y sobre la concentración y la excitación cerebral, han convertido al MFD en un medicamento ampliamente prescrito en niños, jóvenes y adultos desde hace aproximadamente 30 años, principalmente para el tratamiento de enfermedades como el Trastorno de Atención e Hiperactividad (TDAH, por sus siglas en español), la Narcolepsia, la Astenia, la Depresión secundaria, entre otras. (Fernandez, Ladero, Leza, Lizasoain, 2009, p. 247)  No obstante hasta el día de hoy, existen ciertas zonas obscuras con respecto a la farmacología de este medicamento,  o la localización de todo sus sitios de acción a nivel cerebral, o la gama completa de sus efectos a nivel sistémico, o peor aún cuales son los efectos indeseados a largo plazo, especialmente cuando es usado en niños.           Si bien el mecanismo de acción del Ritalin no esta claro, se sabe que la droga afecta           las estructuras cerebrales más antiguas y básicas, que controlan la impulsividad y la     atención. Me cuestiono la sabiduría en manipular con un parte tan crucialmente            importante del cerebro, particularmente con una droga cuyos potenciales efectos        adversos a largo plazo, permanecen aún por descubrirse. (Richard, 2002, p. 2).

            El TDAH, es un síndrome de inicio durante la infancia, y contiene principalmente tres elementos importantes, la hiperactividad, la impulsividad y la inatención, en patrones repetitivos y constantes que afectan la calidad de vida de quienes la padecen, afectando esferas sociales, educativas e incluso laborales. Es la patología psiquiátrica infantil más diagnosticada en todo el mundo, con el mayor índice de comorbilidad, sobre todo los relacionados con problemas de conducta, depresión o ansiedad. (Soutullo, Diez, 2007, p. 3). Su etiología permanece aún no muy clara, se sabe que por un lado tiene un componente hereditario importante, porque se ha reconocido su alta incidencia en personas de la misma familia; y por otro lado se sabe que el medio ambiente también afecta su aparición, ya sea con factores prenatales y postnatales.

            Si bien la clínica del TDAH gira alrededor de las tres principales característica mencionadas previamente, la gamma de características puede ser muy variada y cambiar de niño a niño, y las diferencias son aún mayores entre varones y mujeres, lo cual dificulta en gran medida el diagnostico adecuado y oportuno, lo que es peor aún, ha incrementado casi cinco veces el diagnostico del mismo, lo cual puede sugerir un sobre diagnóstico. "El TDAH generalmente se define como un patrón maladaptativo y desproporcionado para la edad del niño, (...), presentes generalmente desde antes de los 7 años de edad del niño, en más de un ambiente (casa, colegio, etc.). y que causan problemas importantes" (Soutullo, Diez, 2007, p. 39). El diagnóstico requiere que se cumplan una serie de criterios que dependerán si se utiliza el Manual de Diagnóstico y Estadística de Enfermedades Mentales (DSM-IV, por sus siglas en inglés) o la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10), no obstante, todos los especialistas coinciden que su diagnóstico es multidisciplinario, y que no debe realizarse en una sola consulta de 15 minutos. Se requiere una amplia valoración, no solo del niño, sino de sus ambientes, por lo tanto, las entrevistas deben extenderse a familiares, profesores y en algunos casos a sus amigos.

            El tratamiento de TDAH actualmente se fundamenta en dos ámbitos, el farmacológico y el sicoterapéutico, ya sea solo o combinados. En el área médica, la droga más usada en estos paciente son los estimulantes del Sistema Nervioso Central, por lo que estamos hablando, específicamente del MFD. En 1961 la Food and Drug Administration (FDA, por sus siglas en inglés), aprobó el uso de Metilfenidato para el tratamiento del Trastorno de déficit de Atención e Hiperactividad, entre 1970 a 1978 el número de pacientes que recibía medicamentos estimulantes se cuadriplicó, actualmente se considera a la MFD, como el medicamento de primera línea para el tratamiento de TDAH, 75% de todo Metilfenidato es recetado a niños. (Mayes, Bagwell, Erkulwater, 2009, p. 352) .

 

Discusión

            El TDAH, es un patología de muy diversas características cuyas gamma clínica es muy amplia, por lo que, su diagnóstico también tiene una dificultad de moderada a alta y debe ser realizado por especialistas. Si bien es cierto que para su diagnóstico más preciso, se requiere en la mayoría de las ocasiones la ayuda de los profesores, los familiares o amigos del paciente; actualmente radica en que los medios de comunicación, especialmente la información tan accesible, pero tan poco crítica que se obtiene del internet, ha prostituido al TDAH, haciendo de estas personas cercanas, que deberían ser herramienta en el diagnóstico del Déficit de Atención/Hiperactividad, en "expertos" profesionales que presionan a los médicos y sicólogos para recibir la tan milagrosa medicación, con lo cual ha incrementado exponencialmente el diagnóstico de TDAH y por lo tanto, la prescripción y el uso indiscriminado de Metilfenidato en niños.

            Por lo tanto, la culpa del excesivo diagnostico de TDAH y del abuso de MFD es compartido entre los padres y los médicos que ceden a la presión de los primeros. Pero también la culpa es de las farmacéuticas y de los investigadores que estudian los efectos del medicamento y que son financiadas por las primeras. El resultado final: 10% de los niños de Estados Unidos, se encuentran bajo el tratamiento de MFD (Breggin, 2001). La sociedad actual, tiene la costumbre de hacer más con menos, desea resultados rápidos sin importar los costos, es en este ámbito, es en el que los padres poco tolerantes a la "mala conducta" y frustrados por los repetitivos fracasos escolares de sus hijos acuden a los médicos a buscar la solución tan promocionada, y la verdad es que cuando una droga evita que un niño deje de molestar a sus profesores y padres, es inevitable su abuso. (Richard, 2002, p. 1)

            Por otro lado, la prescripción de MFD es un negocio millonario, que no es un secreto para nadie, en un período de 10 años, "entre 1991 a 2001, el consumo de Ritalin incremento de 0,6 billones a 6,7 billones de dólares" (Mayes, Bagwell, Erkulwater, 2009, p. 351), y las cifras siguen incrementando, en todos los países, lastimosamente, no se disponen de datos a nivel nacional, pero deben ser similares al resto del mundo. Con esto en mente, es muy difícil no suponer o no intuir, que si un medicamento genera tanto dinero,  las casas farmacéuticas que lo producen, no intenten salvar su negocio, por así decirlo. En la revisión sistemática de múltiples estudios relacionados con el MFD y la TDAH,   realizada en España en el 2011, por la Fundación Instituto en Servicios de Salud, se encontró que dichas investigaciones, muchas veces ocultaban sus fuentes de financiación, y en las que los divulgaban, el 50% tenía financiamiento de una farmacéutica. (p. 21). Esto hace prácticamente imposible determinar si el verdadero objetivo de una investigación científica tiene como objetivo la salud de los niños o incrementar las ganancias de las casas farmacéuticas que financian dichos estudios.

            Esto explicaría también porque los resultados de diversas investigaciones son tan diversos. Por un lado se ha reportado que el uso de Metilfenidato incrementa el riesgo de cáncer en niños, por citotoxicidad, como lo demostró El-Zein y sus colegas en el estudio realizado en Texas, en el 2005, pero por otro lado, hay múltiples estudios que descartan la citotoxicidad o la relación entre MFD y cáncer, concluyen que no se ha demostrado daño genético ni en animales ni en humanos, por lo que aconsejan se mantenga su uso en niños. (Morris, et al. 2011, p 11). Esto ocurre en relación en otros efectos adversos de igual manera, por un lado estudios demuestran la relación positiva entre el uso de MFD y talla corta, mientras otros refieren que el Metilfenidato no ocasiona ningún tipo de retaso en el crecimiento óseo; por un lado ciertas investigaciones sugieren que el MFD provoca epilepsia por disminuir el umbral para crisis convulsivas, mientras otros sugieren que no hay relación positiva entre el uno y el otro. Lo mismo ocurre con ansiedad y con depresión, no se citan los estudios porque son varios, y solo basta con iniciar una búsqueda en cualquier página de internet que tenga el aval científico de una revista médica para encontrarse con estos resultado tan diversos y opuestos.

            Independientemente de si el Metilfenidato tiene efectos adversos o no, porque incluso sus más apasionados defensores, los niegan, ahora nos enfocaremos en una verdad innegable, algo que todos tanto defensores como detractores conocen, y es que al ser un estimulante, el MFD, provoca dependencia física, sicológica, con tolerancia aguda que hace necesario el aumento progresivo de las dosis de la medicación, incluso en la página en línea de Novartis se indica que el medicamento provoca dependencia y adicción. Si tenemos solo este factor importante en cuenta, deberíamos suspender por completo el uso de estimulantes en niños. Se debería crear una ley donde se prohiba su prescripción y uso en menores de 18 años, no solo porque puede provocar retardo en el crecimiento, convulsiones, cáncer, visión borrosa, depresión, etc., sino porque es un medicamento altamente adictivo, que enseña a los niños a utilizar drogas para resolver sus problemas. "La dependencia en un medicamento psicoactivo para hacer que los niños estén listos para aprender, no solamente no es apoyado por la evidencia, sino que les enseña a los niños lecciones incorrectas acerca de cómo enfrentar  el estrés y los retos de la vida." (McCubbin y Cohen, 1999, p.3)

            La prohibición de un medicamento tan potencialmente dañino debería ser la prioridad para médicos, sicólogos, psiquiatras, y demás personal de salud. No solo son los efectos adversos, ni la adicción que causa en sus usuarios, ni el hecho que aprendan a solucionar sus problemas emocionales, conductuales y sociales por medio de un medicamento y que en el futuro dependerán completamente de drogas legales o ilegales para llevar vidas "vivibles". Lo que debería primar en la prohibición de este medicamento en menores de diez y ocho años, es el hecho, de que no existe una verdadera evidencia científica que compruebe la utilidad del MFD en el TDAH. Así lo expuso la Fundación Española de la Salud al revisar múltiples estudios, la evidencia de los estudios es de baja calidad y demuestra que PROBABLEMENTE el MFD sea más efectivo que el placebo, comparado con el tratamiento sicológico no hay superioridad con el uso de Metilfenidato y finalmente que el Metilfenidato comparado con el placebo, no hay evidencia de que el primero sea más efectivo en la mejora del rendimiento escolar. (Fundación Instituto en Servicios de Salud, 2011, p. 11)

            Finalmente, si no hay evidencia de que el Metilfenidato sea eficaz para el tratamiento de TDAH, y hay pruebas de potenciales riesgos para la salud, no hay estudios aún que investiguen los verdaderos efectos a largo plazo en el uso de niños, pero si hay pruebas indiscutibles de que su uso provoca adicción, ¿es justificable su uso?. Definitivamente no, los riesgos no superan los beneficios, debería prohibirse su uso en menores de diez y ocho años, hasta tener investigaciones imparciales y verdaderas que avalen su uso seguro. "En última instancia los estimulantes, roban la infancia. Hacen a los niños más controlables a costa de espiritu". (Breggin, 2001)

Conclusiones

En base a la revisión, se puede concluir que los riesgos-beneficios del uso de Metilfenidato son superiores, las consecuencias a corto y a largo plazo, no justifican su uso en el grupo de edad que comprenden los menores de 18 años. La descripción,  sobre todo de la adicción a otro tipo de drogas como consecuencia,  comprende un problema de salud pública y de compromiso social.

Por lo tanto se uso debe ser contraindicado y no indiscriminado, tomando en cuenta que la poca cantidad de estudios se ven afectados y sesgados por las compañías farmacéuticas que se encarga de la venta de este producto, ya que, como se describió la ganancia anual y el crecimiento de consumidores es cada vez mayor.

Al ser un problema que involucra no solamente a  la familia y al niño que es diagnosticado de TDH deben existir redes de apoyo, en donde se involucre a la escuela, con programas que ayuden a la adaptación y fácil aprendizaje de estos niños. Además, deben existir grupos de apoyo para los padres que tienen que trabajar con sus hijos, para que exista un mayor conocimiento de la enfermedad y su manejo en base a terapia o de forma alternativa.

 

 

Referencias

            Breggin, P. (2001). Talking back to Ritalin. Tomado del internet el 18 de noviembre del     2012. http://www.haraldblomber.com

            El-Zein, R., Abdel-Rahman, S., Hay, M., Lopez, M., Bondy, M., Morris, D., Legator, M. (2005). Cytogenetic effects in children treated with methylphenidtae. Texas:        ElSevier

Fernández, P., Ladero, J., Leza, J., Lizasoain I. (2009). Drogodependencias. Madrid: Editorial Médica Panamericana

Fundación Instituto en Servicios de Salud. (2011). Informe técnico, sobre el coste-efectividad de las diferentes alternativas de tratamiento farmacológico del trastorno por déficit de atención e hiperactividad: Valencia

Mayes, R., Bagwell, C., Erkulwater, J. (2009). Medicating Children: ADHD and Pediatric Mental Health. The New England Journal of Medicine: 36,15.

McCubbin, M., Cohen, D. (1999). Empirical, Ethical, and Political perspectives on the use of Methylphenidate. Ethical Human Sciences and Services: Volumen 1, Número 1.

Morris, S., Petibone, D., Lin, W., Chen, j., Vitiello, B., Witt, C., Mattison, D. The genetic toxicity of methylphenidate: a review of the current literature. Journal of Applied Toxicology

Pascual-Castroviejo, I. (2009). Síndrome de Déficit de Atención/Hiperactividad. Buenos Aires: Ediciones Díaz de Santos

Richard, B. (2002). Is Ritalin Overprescribed? - Yes. Tomado del internet el 20 de noviembre del 2012. http://www.americanchiropractic.net/ADD/Is%20Ritalin%20Overprescribed.pdf

Soutullo, C., Diez, A. (2007). Manual del Diagnóstico y Tratamiento de TDAH. Madrid: Editorial Médica Panamericana